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José Gpe. Martínez Valero
José Gpe. Martínez Valero
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24 Septiembre 2017 04:00:00
México solidario
Hace 32 años, yo estaba en preparatoria, viendo la tele en la oficina del prefecto antes de entrar a la primera de las clases que teníamos; el dial de la televisión estaba en el canal 2 de Televisa y el programa que se transmitía era Hoy Mismo, un noticiario que conducía Guillermo Ochoa, acompañado de Lourdes Guerrero y con un jovencísimo Juan Dosal en los deportes. Siendo las 7 de la mañana con 19 minutos del 19 de septiembre del 1985, empezó a temblar, hecho que fue narrado por la propia comentarista hasta desparecer la imagen o irse a cuadros, como se dice en el medio. Su servidor y unos tres o cuatro compañeros que estábamos viendo lo que sucedió nos fuimos a nuestro salón y a mitad de la clase comentamos, entre asustados y sorprendidos, que en la Ciudad de México tembló al grado de que la imagen de televisión se cortó. Sobra decir que entonces no había ni teléfonos celulares, mucho menos inteligentes, y ni hablar de las redes sociales. Gracias a las estaciones de radio nos fuimos enterando al correr del día de lo que había sucedido en la capital del país y, al dimensionar la magnitud de la tragedia, varios alumnos quisimos salir para allá a ver en que podíamos ayudar. Obvio, en el caso mío mis padres no me dejaron, yo era menor de edad e igual tenían razón al decirme que mejor organizara alguna brigada para recabar bienes a favor de los damnificados en vez de ir a un lugar donde no sabía si iba a ser útil o estorbar; así lo hice.

El 19 de septiembre pasado la única preocupación con la que me levanté fue la de asegurarme que se desahogara la agenda que teníamos lista en el trabajo para de-sahogar los simulacros que Protección Civil Municipal habría de realizar a lo largo del día para conmemorar el nacimiento de dicha disciplina, precisamente consecuencia de lo sucedido en el 85. Publiqué un par de tuits donde en resumen narraba lo sucedido antes del simulacro que realizamos en Presidencia Municipal, y por una cuestión de agenda me fue asignado el más completo de los que se realizan en la ciudad, el de las instalaciones de Petróleos Mexicanos, programado para las 2 de la tarde. Estando ya ahí, previo a su inicio llegó la noticia que nos cimbró a todos nuevamente: tembló nuevamente en la Ciudad de México y el escenario parecía otra vez catastrófico. Con la primer persona que intenté hacer contacto fue con mi hermana Dora, que allá vive, las líneas telefónicas se encontraban obviamente saturadas, pero por fortuna pude ver un mensaje de ella donde decía que estaba bien, mismo que le respondía con un “¡Bendito Dios!”, y le pedí al doctor Sergio Robles Garza, nuestro director, que verificara en qué podíamos colaborar con esta nueva desgracia.

¡¿Desgracia!? ¡No! Y digo no, porque desde ese mismo martes han sucedido tantas cosas derivadas de esa vocación que tenemos los mexicanos para hermanarnos hacia “afuera” y particularmente hacia “adentro” en los momentos difíciles y que ha provocado que el mundo entero voltee su rostro hacia nosotros para ayudar, pero sobre todo para ponernos como muestra. Ejemplos sobran, e imágenes más.

Lo primero que me llamó la atención fue el hecho de que las redes sociales, tan saturadas SIEMPRE de sarcasmo, mordacidad, odio y basura, se convirtieron en el primer medio no sólo de comunicación para mantener en contacto a las zonas afectadas, sino de organización entre la sociedad para dar respuesta a todas las necesidades derivadas de este nuevo temblor, teniendo como consigna primordial el no publicar nada encaminado a burlarse del hecho y enfocar todo en torno a la solución de las necesidades que se iban detectando en el minuto a minuto, y también como elemento de unidad para exhibir y archivar todas las muestras de apoyo con que se volcó la Patria entera en respuesta de los afectados.

De entrada, la imagen de los rescatistas voluntarios fundidos por el trabajo de horas y horas removiendo escombros, sea en el Metro o en los mismos lugares donde prestaron su esfuerzo, a más de uno nos han conmovido y hasta lágrimas arrancado cuando durante su labor o una vez concluída esta, gritan el “México, México” o entonan Cielito Lindo o el Himno Nacional. El puño en alto para pedir silencio durante los rescates ya es un nuevo ícono en nuestro imaginario popular. Poner por encima de nuestras diferencias la importancia de ayudarnos: las aficiones juntas de Chivas y Atlas, en Guadalajara, o de Rayados y Tigres, en Monterrey, para llenar un camión lo demuestra plenamente; y bueno, la nota al respecto es esa lata enviada desde el norte del país con la leyenda “La quesadilla sí lleva queso”, seguida de una sonrisa y un “ÁNIMO” que a muchos nos hizo el día. Descubrir que desde cada trinchera, cada uno con los propios dones que la vida nos ha dado o con los talentos que hemos desarrollado podemos aportar algo, para mí ha hecho realidad esa nota del Himno Nacional que reza “Piensa, ¡oh Patria querida!, que el Cielo, un soldado en cada hijo te dio”.

NUESTROS impuestos se han reencauzado para fines útiles, en vez de financiamiento para los partidos políticos, obligándolos a hacerlo; y lo más bello; descubrir que México es el país más generoso del planeta, al ver que lo que ha faltado son espacios dónde colocar tanto bien obsequiado, y con más voluntarios entre su gente al grado de tener que decir en algún momento de la batalla que no se requerían más.

En estos días, como hace 32 años, esta HERMOSA tierra ha dado muestra de qué está hecha su gente: de puro AMOR al prójimo. Solidaridad que le dicen.
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