×
Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
ver +

" Comentar Imprimir
09 Octubre 2018 04:03:00
México: vacío de poder
Las transiciones presidenciales en México son demasiado prolongadas y algunas, como la actual, han puesto en riesgo la estabilidad del país. El abandono de las responsabilidades y el vacío dejado por Enrique Peña Nieto incluso antes de las elecciones de julio, en las cuales su partido (PRI) quedó reducido a escombros, lo cubre mediáticamente Andrés Manuel López Obrador, pues aún no tiene facultades para tomar decisiones de Estado, y lo aprovechan los grupos de interés y la delincuencia organizada.

En ese interregno surgió el conflicto en la UNAM y la violencia se recrudeció. Cuando el relevo era entre priistas, el sucesor administraba sus presentaciones públicas para no eclipsar a quien le había heredado la presidencia. El soberano disponía hasta de cinco meses –entre la elección y la toma de posesión– para asimilar el impacto por la pérdida del poder, recibir honores –tan fingidos como inútiles y efímeros–, borrar huellas y entregar la casa en orden simulado, con la seguridad de no ser

perseguido.

Vicente Fox, el presidente de la primera alternancia, respetó la tradición. Tampoco tenía argumentos para disputarle espacios y reconocimiento a Ernesto Zedillo, quien, en su primer contacto el 3 de julio de 1994, le hizo una sola recomendación: “No moverle a la economía” –dicho por el panista–.

Además de promover las reformas que posibilitaron el cambio pacífico de partido en el gobierno, Zedillo finalizó el ciclo de las crisis financieras y devaluatorias que caracterizaban los finales de sexenio, desde Luis Echeverría (1970-1976) hasta Carlos Salinas de Gortari (1988-1994).

En el gobierno zedillista no hubo grandes casos de corrupción, y menos que lo involucraran a él o a su familia; la administración de Peña Nieto, en cambio, estuvo plagada de escándalos. Zedillo ha sido el primer presidente que, sin aspavientos, atacó la corrupción y los abusos del círculo más cercano de su predecesor. Raúl Salinas de Gortari pasó 10 años en prisión por delitos de enriquecimiento ilícito (Suiza le congeló cuentas por 160 millones de dólares), lavado de dinero y el asesinato de su excuñado José Francisco Ruiz Massieu (padre de Claudia Ruiz Massieu, presidente del PRI) de los cuales fue absuelto.

En una declaración semejante al “perdón y olvido” del presidente electo Andrés Manuel López Obrador, Fox abandonó entonces el discurso anticorrupción y alzó la bandera blanca: “No vamos a mirar mucho al pasado porque nos interesa más el futuro (tampoco) queremos ir por la vía del borrón y cuenta nueva (ni) caer en una cacería de brujas”. (El País, 04-07-2000). La claudicación temprana de Fox para atacar el flagelo constituyó una de las principales traiciones del “gobierno del cambio” que todavía hoy más se le reprochan.

Fox liberó a Raúl Salinas en el penúltimo año de su administración y el Pemexgate, el caso más sonado de corrupción investigado en su sexenio, expiró en 2011. Ninguno de los responsables purgó prisión por desviar mil 500 millones de pesos a la campaña presidencial de Francisco Labastida.

El PRI pagó una multa por mil millones de pesos, y asunto arreglado. Pemex, una de las cajas chicas del gobierno y su partido, terminó por quebrar en el gobierno de Peña Nieto. El líder petrolero Carlos Romero Deschamps, uno de acusados del peculado electoral, aparece entre “los 10 mexicanos más corruptos de 2013” de la revista Forbes. Rogelio Montemayor, a la sazón director de Pemex, fue absuelto y ahora preside el Clúster de Energía de Coahuila, cuyo principal negocio será el gas en la Cuenca de Burgos mediante la técnica de fracturación hidráulica (fracking), si AMLO lo permite.
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2