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Jorge Castañeda
Jorge Castañeda
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29 Junio 2018 04:06:00
México y los niños de Trump en la OEA
Si todo resulta como está previsto, hoy, viernes 28 de junio, el Gobierno de México presentará un proyecto de resolución ante el Consejo Permanente de la OEA, dirigido a Estados Unidos y su política de “cero tolerancia” en la frontera con nuestro país. Junto con El Salvador, Guatemala y Honduras, México buscará obtener los votos necesarios para la aprobación de un texto que, aunque sea de carácter meramente simbólico, encerraría una gran trascendencia.

Se trata de la primera vez, desde la demanda que México interpuso contra Estados Unidos en la Corte Internacional de Justicia en 2003 en el llamado Caso Avena, a propósito de la violación por parte de Washington de las disposiciones de la Convención de Viena de Protección Consular, en que nuestro país patrocina un proyecto de resolución en cualquier foro regional o multilateral explícita y directamente dirigido contra Estados Unidos. Quizás nos tardamos demasiado, pero el mérito es innegable.

Los párrafos resolutivos del proyecto de resolución rezan así, y conviene citarlos verbatim para no escatimar respaldo a una iniciativa de esta índole:

“1. Manifestar enérgicamente el rechazo a cualquier política migratoria que conduzca a la separación de familias porque genera una práctica violatoria de los derechos humanos, en particular de niñas, niños y adolescentes.

“2. Urgir al Gobierno de Estados Unidos a no recurrir a la separación de familias migrantes ni a la privación de la libertad de niños, niñas, y adolescentes bajo ninguna circunstancia, velando por el interés superior del niño en todo momento y tomar las medidas necesarias para la reunificación inmediata de las familias separadas.

“3. Exhortar al Gobierno de Estados Unidos a promover la identificación de migrantes y solicitantes de refugio que requieran protección internacional y aplicar el principio de no devolución a personas cuyas vidas y libertades podrían estar amenazadas o en riesgo, conforme al Derecho internacional”.

Huelga decir que las resoluciones de la OEA no son precisamente vinculantes para ningún país, y menos para Estados Unidos, que desprecia o hace caso omiso de todas las resoluciones de dicho organismo, de la ONU, o de otras instancias semejantes. Tampoco está dicho que obtengamos los votos necesarios, es decir, los 18 para una mayoría. Seguramente las naciones del ALBA y los grandes países de América Latina nos apoyarán, pero Estados Unidos todavía tiene con qué obtener votos en el Caribe, al igual que Venezuela, y en otras partes. Además, es un hecho que este tipo de iniciativas mexicanas, o de cualquier otro país, pueden arrojar como consecuencia iniciativas en el Congreso de Estados Unidos para reducir o suprimir el pago de las cuotas de Estados Unidos a la OEA.

En ocasiones los gestos simbólicos, sin mayores consecuencias positivas, y con algunas consecuencias negativas, pueden valer la pena. Después de meses de evitar a toda costa cualquier enfrentamiento con Estados Unidos, de mantener en pistas separadas los temas comerciales, migratorios, de narcotráfico, de seguridad e inteligencia, y diplomáticos, México finalmente adopta una actitud de firmeza, que no es puramente retórica.

No es una casualidad que esto sucede dos días antes de las elecciones presidenciales. Todo el mundo va de salida, algunos van de llegada, pero ya era hora de que algo de esta naturaleza sucediera. Honor a quien honor merece.
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