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Cholyn Garza
Cholyn Garza
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Cholyn Garza nació en Veracruz. Radica en Piedras Negras, Coahuila desde 1961. Es licenciada en Desarrollo Humano y Diplomada en Derechos Humanos. Se inició profesionalmente en el periodismo en 1995 en el Periódico Zócalo de Piedras Negras. Le preocupa la problemática social y le apasionan los temás políticos.

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23 Septiembre 2017 04:00:00
Mi querido México
Una vez más nuestro país se ha visto golpeado por la adversidad. Treinta y dos años han transcurrido de aquel sismo que dejó una estela de dolor y muerte en la hoy Ciudad de México y de cuyas heridas no nos hemos podido reponer del todo.

19 de Septiembre es una fecha que se guarda en la memoria y en el corazón de los mexicanos, porque aunque haya una generación que no “vivió” esos acontecimientos, no ignora lo sucedido en 1985.
¿Quién iba a imaginar que la tragedia rondaba a nuestro México? Menos aún que un sismo cubriría nuevamente de luto la Ciudad de México y otras ciudades.

Lo que representaba un simulacro se convirtió en realidad; en una horrenda pesadilla de la que no tan fácilmente se repondrán quienes vivieron esos momentos difíciles, que parecieron eternos.

En unos minutos la vida de todos los mexicanos sin duda cambió. Una tragedia de la magnitud que se vivió en la Ciudad de México, nos hizo comprender lo vulnerables que somos los seres humanos. Que ante la fuerza de la naturaleza, no hay nada ni nadie que sea superior.

¿Nos hemos visualizado en algún momento perdiendo nuestro patrimonio? ¿Tener que ir a un albergue a refugiarnos porque nos hemos quedado a mitad de la calle? Seguramente no. Esos pensamientos no cruzan por nuestra mente, por la razón que sea.

Sin embargo, nadie está exento de encontrarse en una situación difícil, en medio de una tragedia por una sencilla razón: El peligro acecha con fenómenos naturales que no sabemos cuándo y en qué momento llegarán.

Todos los días se aprende algo. Después de los recientes acontecimientos lamentables que la Madre Naturaleza nos ha enviado, queda una enseñanza muy grande: la solidaridad de todos los mexicanos.

Si bien el susto y el impacto emocional ocasionado por el sismo, quienes estaban de alguna manera a salvo, acudieron en auxilio de aquellos que requerían de ayuda.

La respuesta fue inmediata. Impresionante ver a hombres, mujeres de todas las edades sumándose a las tareas de rescate. Nadie les pidió que fueran, solo los motivó un impulso: AYUDAR al hermano en desgracia. Bajo los escombros había personas, seres humanos que el infortunio provocó que quedaran atrapados.

Muchas vidas lograron salvarse gracias a la pronta respuesta de ciudadanos preocupados por el prójimo. No eran profesionales en tareas de rescate, sin embargo no esperaron a que llegaran los que sí saben y fueron entrenados para hacer esa labor humanitaria.

La pronta respuesta, arriesgando su propia salud y hasta la vida, merece todo nuestro reconocimiento.

Ha sido una ardua tarea desde el primer momento; unos descansan, se turnan, pero ahí están, como un gran ejército de voluntarios unidos, todos, con un noble fin: Salvar vidas o rescatar cuerpos. En principio, quitando escombros sin protección alguna, pero eso no importaba, estaban conscientes que los minutos contaban para rescatar a alguien con vida.

Ni qué decir de nuestras Fuerzas Armadas. Nuestros soldados y marinos que siempre están ahí para ir en apoyo de la población. Por eso indigna la posición en que fue colocada la Marina al haberlos involucrado en una especie de “reality show” que generó confusión y mantuvo a una teleaudiencia al pendiente del supuesto rescate de una niña que no existía.

En momentos de dolor, donde no solo se respira polvo y se arriesga la salud, resulta criminal distraer la atención de lo importante, en aras del sensacionalismo.

Si los altos mandos de la Marina salieron a ofrecer disculpas fue por el honor de su rango y la nobleza que les caracteriza, no porque ellos hubieran tejido esa sarta de mentiras que nos mantuvieron a la expectativa.

Ejército y Marina merecen la gratitud, el reconocimiento, el respeto de todos los mexicanos, por la gran labor que realizan diariamente por el país, redoblando esfuerzos en circunstancias dolorosas donde la tragedia llega a muchos hogares.

Hemos observado una tarea de titanes, de verdadera entrega de aquellos que sin esperar algún reconocimiento están ahí, soportando el cansancio.

A propósito de titanes, me conmovió ver a un can binomio, exhausto después de 48 horas en tareas de rescate. Su nombre Titán. Emocionante ver también que algunas mascotas fueron sacadas de los escombros.

Mi querido México, cómo no agradecer a los países que han enviado su ayuda a nuestro país. A las brigadas de rescate, expertos en atender problemas como el que enfrenta nuestro país.

Cómo no pedir a Dios bendiga esas manos que sin importar los riesgos que enfrentaban retiraban escombros con la esperanza de encontrar personas con vida. Cómo no sentir emoción de ver a tantos compatriotas unidos en una noble tarea, solo por ayudar. Niños, jóvenes, hombres, mujeres, acudieron a apoyar.

Un pueblo organizado, un pueblo unido siempre saldrá adelante. Este es mi México, que hoy sufre pero sabe ser solidario ante el dolor de quienes más lo necesitan.

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