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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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12 Septiembre 2016 04:00:30
Mi retablillo anual
Los aviones iban directo al blanco. Era un ataque cobarde, alevoso, contra la democracia, contra la libertad. La gente estaba confundida, las calles eran el escenario del caos. Luego las calles vacías, los comercios cerrados, la palabra ausente, el espíritu asesinado. La fecha se escribía con dolor y rabia en la memoria de un mundo que se negaba a admitir la atrocidad, el genocidio (El redactor).

Pero no equivocarse, mis valedores, que yo no soy de esos manipulados del fervor inducido que recuerdan el desastre del 2001 en Nueva York y olvidan lo que en verdad debería interesarles. Yo vivo a salvo de la manipulación imperial. Que las entrañitas sensibles caigan en la trampa del duelo colectivo al que los incita el gringo. Once de septiembre, Torres Gemelas, miles de víctimas. A mí me nace conmemorar el daño inconmensurable y la herida que la perversidad del gringo perpetró en un país hermano como es la República de Chile, con el sacrificio y la muerte de don Salvador Allende, su presidente constitucional, y los miles de chilenos fallecidos o que tuvieron que conocer la tortura en celdas de castigo y sufrir el gobierno de un dictador. Después de esto, ¿las Torres Gemelas como prioridad, como exclusividad?

Chile, país hermano, con su palacio de gobierno en llamas. De victimario, Wa-shington. Los aviones, directo al blanco. “La historia, cansada de crear...”.

Chile, 11 de septiembre, 1973. Richard Nixon tramó el magnicidio; la CIA, el cerebro de la acción terrorista. De brazo ejecutor, un Pinochet que antes de fallecer viejo, achacoso, con fama pública de multiasesino y corrompido hasta el tuétano de un alma en ruinas, susurraba, vocecilla de vahído y desguanzo:

“Pido perdón si es que en aquel entonces cometí algún error...”

El 15 de septiembre de 1970 R.M. Helms, entonces director de la CIA, fue llamado por Nixon, quien le ordenó la operación encubierta en Chile. Tenía que evitarse que el marxista Salvador Allende llegara a La Moneda. ¿Cuántos habían visto a un presidente de EU fuera de sí? Era impresionante, y no había más solución que acatar la orden rabiosa de Nixon:

“Hay una posibilidad entre 10, ¡pero he de salvar Chile! Tienes 10 millones de dólares y más, si es necesario, ¡pero haz chillar la economía!”.

Santiago de Chile. “Existían muchos intereses económicos. En 1970 la tenebrosa ITT sugirió al Gobierno de EU intervenir en los asuntos políticos de Chile. Proponía el estrangulamiento económico, el sabotaje diplomático, crear el pánico en la población, el desorden social, para que al ser sobrepasado el Gobierno los militares quebraran el régimen democrático e impusieran la dictadura”.

Años después un día como ayer, pero del 2001, se dolía G.W. Bush, protector de halcones israelíes genocidas, que en los sucesos de las Torres Gemelas encontró el pretexto perfecto para invadir Iraq, asesinar a Saddam Hussein y apoderarse del petróleo del país invadido:

“¡No sé por qué nos odia todo el mundo. Estoy asombrado porque sé lo buenos que somos!”.

“No, Sr. Presidente, le refutó R.M. Bowman, exdirector de la Guerra de las Galaxias. Ni somos buenos ni usted le dijo la verdad al pueblo de EU de por qué somos blanco del terrorismo: ¿porque representamos la democracia, la libertad y los derechos humanos en el mundo? ¡Mentira! Porque nuestro gobierno ha hecho cosas odiosas”.

El 11 de septiembre, mis valedores, ¿qué significa para todos ustedes? ¿Nueva York o Santiago de Chile? ¿Allende o Nixon y Bush? Don Salvador Allende. (A su memoria).
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