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Abdel Robles
Abdel Robles
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Licenciado en Ciencias de la Comunicación egresado de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Reportero sección policiaca en Editora El Sol, reportero sección local El Norte, coeditor del vespertino Extra de Multimedios, director editorial del Periódico La Voz de Monclova, director Editorial de El Diario de Coahuila, Comunicación del Municipio de San Nicolás de los Garza, NL, director editorial de Zócalo Piedras Negras, y actualmente editor en jefe de Zócalo Monclova

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18 Octubre 2015 03:10:20
Miando la palmera
Me dijo, con esa cara de negro socarrón… de negro que cree saberlo todo…

“Es que tú eres poblano”…

Se va uno seis meses y resulta que ya no eres de esta tierra de sal y de arena… que ya las palmeras no te conocen.

“Tienes que volver a miar la palmera”.

Chibirico sabe que mi respeto al mar abierto no es miedo, bueno sí… pero eso no quiere decir que no me guste bogar en el cayuco.

Eso no quiere decir que no me guste tirar cordel pa sacar mojarra de piedra.

Nomás que irme remando rumbo a la bocana no es mi idea de miar la palmera.

“Voy si tú vas”…

Chibirico pierde la sonrisa… no se trataba de que lo desafiara, se trataba nada más de que yo me rajara, de que aceptara que no era tan costeño.

“Tons qué”…

Chibirico se rascó la cabeza…

“Bueno, mira Negrito… vamos a dejar el asunto por la paz, verdagüena que te creo que eres de acá todavía”.

Yo aceptaba la tregua, pero en eso llegó el Chéchere, mascando una hoja de elote hervido…

“¿Qué fue?… ¿Te rajaste Negrito?”

La mirada hacia Chibirico le provocó esa clase de sonrisa nerviosa de quien se haya descubierto en la treta.

O sea, que ya se habían puesto de acuerdo para ponerme en aprietos.

“Ora vamos”…

¿Vamos?…

¡Vamos todos!…

No, bueno… era cosa de negociar todos, de hablar con todos…

Nadie iba a andar contando que me había vuelto poblano, que ya le tenía miedo a la bocana… que no sabía remar… que nomás me metía a la orillita… que se me llenaban los calzones de arena. ¡Nada de eso!

¿Quién más sabe?

“La Rata… el Ganso… el chino Edy… Pocho…”

¡Vaya!… estos descamisados me recibieron con un complot.

“Nomás era una broma, mi sangre”, dice Chibirico.

No quise saber más…

Cinco minutos después remábamos en el cayuco del Cocoyo rumbo a la bocana…

La ola jorobada movía aquello…

Uno sentía que el cuerpo se desprendía del asiento y al bajar…

al bajar la cosa era diferente.

“Negrito… ¡Siento que los huevos se me quedan en la cabeza!”

Chéchere estaba pálido…

La Rata vomitaba por un lado… El Ganso imploraba… iba rezando algo que no entendí…

Entonces salió El Negrón de entre la breña, agarró un mecate y jaló nuestro cayuco hacia la orilla…

¡Ja!… estábamos amarrados, no avanzamos ni cinco metros.

¡Benditos costeños!

Decidimos guardar el secreto… estábamos jugando todos…

nunca tuvimos miedo.

El Negrón nomás sonrió… nos guardó el secreto.

Nos guardó el honor costeño.

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