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Antonio Navalón
Antonio Navalón
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Periodista, voyerista de la vida y vendedor de libros. www.antonionavalon.com

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31 Mayo 2011 03:00:27
Michoacán: el laboratorio fallido
Tras la última reunión de gobernadores del Partido Revolucionario Institucional (PRI), sabemos que el laboratorio Michoacán ha fracasado: el PRI tomó la decisión de llevar su propio candidato y su propia campaña a la elección en el estado de Michoacán, y con ello le devolvió a los michoacanos la oportunidad de ser ciudadanos.

No se entendía qué podía ganar el tricolor participando en una operación que únicamente podía ir en su contra, aunque sea el partido que más lejos está de poder triunfar en esos comicios. Esas maniobras orquestadas en la oscuridad –que es lo que significó el intento de tener un candidato único– eran muy peligrosas por muchas razones, pero sobre todo porque efectivamente Michoacán es una entidad que atraviesa por gravísimos problemas de inseguridad, falta de desarrollo económico, desempleo y desesperanza.

La situación michoacana no sólo se debe al estallido provocado por la guerra no guerra de Calderón, sino también es producto de que hay no miles, sino cientos de miles de personas que originalmente resolvían sus problemas brincando hacia el otro lado. Sin embargo, el empeoramiento de la seguridad interna de Estados Unidos, más la crisis económica, han hecho que los michoacanos no tengan alternativas que les garanticen sus necesidades mínimas –si exceptuamos, claro, formar parte de “La Familia”.

Michoacán es un estado de familias. Si la base detrás de todo lo que se estaba confabulando era no tener un altercado más de los Calderón, lo siento, porque con la decisión del PRI no creo que exista alguien que logre convencer a “Cocoa” de no presentarse como candidata. Esto además pone el foco sobre la otra parte que nunca dijo, porque no es serio, Jesús Zambrano, presidente del Partido de la Revolución Democrática (PRD), acerca de las razones que llevaban a ese partido a estar de acuerdo en una operación tan peligrosa como lo es el no presentar candidatos.

Zambrano dijo que la razón no era la inseguridad. Yo quiero creerle, pero si ese no era el motivo, entonces inevitablemente tengo que pensar que las causas eran de orden político y, efectivamente, Leonel Godoy, antiguo presidente nacional del PRD, es un hombre que ha gobernado, en la medida que ha podido, su estado, con la mano de hierro y el guante de terciopelo que muchas veces le han dejado las circunstancias y ser el laboratorio de la guerra no guerra de Calderón.

De cualquier manera, lo único cierto es que no había un candidato claro del PRD; ahora, tras esa posición priísta, entiendo será muy difícil para los otros dos partidos no competir.

Que no estuviera de acuerdo con quitarle a los michoacanos el derecho de elegir entre varias opciones, no significa que no apoye el hecho de que los tres partidos políticos trabajen para ponerse de acuerdo en una agenda o en una campaña electoral, o en una situación que recoja las especiales circunstancias del estado. Es correcto que los líderes de los tres partidos dialoguen, pero no a costa de sacrificar la máxima expresión de la democracia que consiste en votar y ser votado. Si no hay de dónde elegir, la votación se convierte en una farsa y camino de eso íbamos.

Aprovecho para recordarles que de todo el mapa de la violencia mexicana, el único punto verdaderamente peligroso, donde puede acabar creándose un problema de narcoguerrilla, es en Michoacán, porque los malos de ahí, en primera tienen fe, tienen cultura y tienen ideales –aunque sean equivocados–, no son unos malandros que viven bajo el lema de “prefiero dos bien que 20 jodidos”, al menos eso creen sus miembros, que se hacen llamar “La Familia”.

“La Tuta” es más que el jefe de un cártel, es como el líder espiritual de una secta –equivocada, violenta, muchas veces terrible– pero una secta. Yo no le daría a gente así el pretexto de creerse y poder explicar a los suyos, y a los cercanos, que en Michoacán o cualquier otro lugar del país, ni siquiera es necesario cumplir la formalidad democrática de enfrentar legalmente a unos contra otros, pensando que ahora sí tendría sentido que hayan nacido las FARC mexicanas.








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