×
Dan T
Dan T
ver +
[email protected]

" Comentar Imprimir
03 Julio 2018 04:00:00
Milagro a la mexicana
Un manco, un cojo y un cuadrapléjico fueron a la Basílica a pedir el milagro de que los curaran. Cuando por fin llegaron ante una gran pila de agua bendita, el manco metió el muñón durante algunos minutos y al sacarlo, ¡milagro, milagro!, otra vez tenía mano.

Sus amigos, sorprendidos y emocionados, decidieron seguir su ejemplo. Como pudo, el cojo logró treparse al borde de la pileta y sumergir medio cuerpo. Del agua comenzaron a salir burbujas como si aquello estuviera hirviendo, el hombre se estremeció, cerró los ojos como si fuera a desmayarse y, ¡milagro, milagro!, se levantó, salió de la pileta y comenzó a caminar con ¡dos piernas! Entonces el cuadrapléjico le dijo a sus compañeros: “Ayúdenme a entrar completo al agua, para que pueda recuperar la movilidad de mis piernas, mis brazos y todo mi cuerpo”.

Con mucho esfuerzo y convencidos de los poderes curativos del agua bendita, lo cargaron y trataron de acomodarlo dentro de la pileta con todo y silla de ruedas, para que no se ahogara esperando el milagro. Pasaron los minutos y el cuadrapléjico no sentía cambio alguno. Finalmente, se desesperó y le pidió a sus amigos que lo sacaran de ahí, pues se estaba congelando. –No lo entiendo: a ustedes los curaron por completo y conmigo el agua no funcionó. No sirvió de nada. –¿Cómo que no ha servido de nada? –le dijo el excojo– ¡Claro que sí! Mira nomás tu silla de ruedas: ahora trae rines de aluminio, asiento deportivo, empuñaduras de piel y hasta motorcito!

¡Milagro, milagro! Finalmente se le hizo el milagro a Andrés Manuel López Obrador de ganar la Presidencia. En su discurso de la victoria el domingo por la noche, el cabecita de algodón se notaba un poco incrédulo de su triunfo. Estaba como esos perros que siempre le ladran con ferocidad a los coches y el día que el automóvil se detiene, nomás no saben qué hacer.

Sigo creyendo que el tabasqueño era la peor opción de las cuatro malas opciones que teníamos para elegir Presidente. Pero ya ganó, lo hizo limpiamente y además con un apoyo jamás visto por parte de la gente. Ganó con el 53% de la votación, una cifra que no la tiene ni Obama. Quienes no votamos por él tenemos dos opciones: aplicar la muy mexicana costumbre de lamentarnos por años, como con aquello de “no era penal”, o simplemente entender que así es la democracia, que gana el que más votos obtiene y que no es el fin del mundo... espero. Ya no sé qué puede ser peor: que Andrés Manuel llegue a la Presidencia, se vuelva loco de poder e incumpla todo lo que prometió; o que llegue loco a la Presidencia y cumpla todo lo que prometió.

Porque, por mucho amor y paz que ofrezca, la realidad es que en su campaña quiso quedar bien con tanta gente, con tantos sectores, con tantos grupos que, obviamente, no podrá quedar bien con todos. Para cumplirles a unos tendrá que ajusticiarse a otros. La otra opción es que no le cumpla a ninguno y se la lleve de muertito 6 años vendiendo la idea de que es un Presidente a toda madre. Así que habrá que estar muy preparados porque en la política, como en la vida, siempre hay sorpresas. Como la de aquel trailero que iba pasando por un puente y vio que a la orilla había una hermosa mujer trepada en el barandal. El trailero se detuvo, se bajó del camión y le preguntó: –¿Y ahora? ¿Por qué estás ahí arriba? –Es que la vida no vale nada. ¡Y me voy a aventar! –¿Pero, pero, por qué?

–Porque ya no quiero seguir viviendo. Gracias por detenerte y conversar, hace mucho que alguien no se preocupaba por mí. Pero ahora vete, que quiero morir sin que nadie me vea.

–Oye, oye, espera –dijo el trailero queriendo aprovechar la oportunidad– antes de que te mates, ¿por qué no me das un besito? Total, que sea lo último antes de morir.

–¿Un besito? –preguntó la bella mujer, dudó unos segundos y finalmente aceptó–. Bueno, pero sólo porque fuiste buena onda conmigo. La mujer bajó y comenzó a besar apasionadamente al trailero. Le pasó la lengua por los labios, lo mordió suavemente, le lamió las orejas y comenzó a deslizar la boca por su cuello.

Le desabotonó la camisa de cuadritos y siguió bajando hasta que el trailero comenzó a volverse loco y estalló en un grito de placer.

–Jajajaja. Estás loca. La verdad es que ni me importas. Por mí, aviéntate. Yo sólo quería hacerte mía. Nomás no me dejes con la duda: ¿por qué te quieres matar?

–Porque mis papás dicen que no pueden aceptar que su hijo sea travesti.

¡Nos vemos el jueves!
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2