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Verónica Marroquín
Verónica Marroquín
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03 Septiembre 2017 04:15:00
Milagro de amor
A mi querida hermana Mirna y mi sobrina Mirnita Cecilia

MIS QUERIDOS AMIGOS LECTORES: para mí es primordial ser agradecida con Dios por tantos milagros en mi vida y la de mi familia, agradezco de manera infinita por su misericordia hacia nosotros, sus hijos. Y con el corazón en la mano les contaré lo sucedido hace ya 13 años, una historia como muchas, sin embargo, nos cambia la vida cuando estamos a un suspiro de perder la vida.

Era un 2 de septiembre, un día muy esperado, pero no les mentiré que con cierto miedo, ya que mi hermana acababa de dar a luz a su tercera hijita a sus 43 años y había cierta preocupación por ello. Todo parecía estar bien después de 15 años de su último hijo, Saúl, que por cierto ya se casará en dos meses más si Dios quiere. Había nacido en el Hospital Universitario de Nuevo León, en un piso especial para maternidad.

Después de 2 o 3 días, mi hermana Mirna se viene a casa de mi mamá a pasar la cuarentena y gozar del cuidado amoroso de ella. Siempre nos cuidó a mis dos hermanas y a mí, antes y después de cada alumbramiento, bendita eres madre, y qué decir de los nietecitos, se derretía en amor a ellos, bueno aún.

Pasaron unos días y el 8 de septiembre, cumpleaños de mi hija menor Estefanía, mi mamá me llama y me dice que mi hermana se sentía mal y estaba muy amarilla, con el vientre aún muy prominente, lo cual sí nos había llamado la atención, y me pregunta si era normal que estuviera sangrando considerablemente, y mejor la llevamos con mi ginecólogo y amigo, Guillermo Cazares Urbina.

La checó, la dejó en observación y dijo que tenía aún sangre en el útero, que no se estaba reduciendo normalmente, sin embargo, se sintió mejor con el medicamento y regresamos a casa. Con la recomendación de que ante cualquier molestia o dolor, sin dudar, acudiéramos de inmediato a la clínica.

Más tarde, yo llegaba de casa de terminar de festejar a mi hija Estefanía, y me llama nuevamente mi mamá, que estaba sangrando mucho y que estaba mal Mirna, serían las 10 de la noche, rápido me fui por ella y en el camino le llamo a Memo, y me dice que nos esperaba ya en la clínica, seguramente le haré un legrado, ya que debe de traer residuos quirúrgicos, y efectivamente no se equivocó.

Mirna ya parecía paella, por el color, y me pregunta Memo, ¿así son sus piernas?, y yo le respondí que sí, es muy chamorruda, y ella dice al ver, ya con mucha debilidad, ¡no! Y Memo urgentemente ordena que preparen quirófano y llamen al anestesista; el sangrado era mucho ya, no paraba, su vida ya estaba en peligro.

Ya en la puerta del quirófano me dice mi hermana, Vero, tengo mucho miedo, no me siento nada bien, llama a mi esposo y cuida de mis hijos, Valentín mi ahijado, Saúl y la bebita. Le dije claro, pero no te preocupes saldrá todo bien, primero Dios, te quiero hemana (sin “r”). Las piernas se me doblaban e hice un gran esfuerzo para poder contestarle, y que me sintiera fuerte, mientras tanto, mi papá estaba en la salita de espera, sin hablar, con dos estimados amigos que acudieron a mi llamado.

Me ayudaron a subirla al carro para llevarla a la clínica, y me escoltaron hasta ahí, quedándose hasta que amaneció, acompañando a mi papá, Siempre hay ángeles que nos ayudan. Benditos sean Óscar Bustos y Eduardo Reyna, infinitas gracias “Willis”. Entonces sale Memo y me dice que le habían dejado gasas, y no recuerdo qué más, cuando le hicieron la cesárea en Monterrey. Me dice memo, “el sangrado no para Vero, hay que conseguir urgentemente Sangre O RH negativo”, y yo, ¿pero está bien? Y me zarandea fuerte de los hombros el anestesista, reacciona, reacciona, tú hermana se está muriendo, corre y consigue la sangre. Yo aterrada por mi papá, me quedé muda, y lo puse frente a Memo, y dice mi papá en un suspiro, “¿pronóstico?”.

Y dice Memo: “reservado”, volvió a enmudecer, hago llamadas para conseguir a las 3:00 a. m. la sangre, mandé correos, fuimos Memo y yo a conseguir al banco de sangre y dijeron que no había, más bien no la quisieron entregar en ese momento, negligencia, y mi hermana ya en un suspiro.

Fueron varias amistades, vecinos, familiares a donar sangre, pero ninguna servía para ella, gracias a mi querida prima, Rosy Narváez, ya que acudió a donar, pero estaba baja de nivel, no la aceptaron.

Fue también una vecina, Tata. Dios te bendice abundantemente, ya que ella sí pudo donar su sangre. Sólo un milagro esperábamos ya, Dios me iluminó, y fui por la bebita Mirnita y mi madre, que con amor la cuidaba, ella ignoraba la gravedad de su hija mayor.

Al llegar al cuarto de la clínica, le puse a su bebita en su pecho, yo deteniéndola, la bebita hermosa buscó alimentarse, obvio inconsciente ya mi hermana, era una oruga amarilla, sólo esperábamos por el milagro que llegará la sangre, ya era casi mediodía. Mirna empezó a escucharme que le decía yo “hemana (sin “r”), “siente a tu bebita, está comiendo de ti, te necesita, regresa de donde estés, por favor, Mirnita te necesita mucho, aquí están tus hijos y toda la familia, todos estábamos en el cuarto”, ya que estaba entre la vida y la muerte.

Yo confiaba en que Dios nos hiciera el MILAGRO DE AMOR, que al sentir a su bebita luchara por su vida y regresara al mundo. En eso llega la sangre bendita, le hacen la transfusión y, como en las caricaturas, el color de su cuerpo empezó a cambiarle de inmediato.

No se explica cómo pudo resistir tantas horas, si estaba casí vaciada ya, sin sangre, pues no coagulaba, porque en Monterrey le dieron ketorolaco y ese medicamento, 1 en 1 millón, hace esa reacción de no coagular la sangre, no hubo daño cerebral, ni coma, no se infartó. Dios nue vame nte nos hizo otro milagro más en la familia, hay aún mucho que contarles de esta historia que ahora felices festejamos la vida de mi hemana (sin “r”) el 14 de agosto pasado, y ayer 2 de septiembre la vida de su hijita, que por amor a ella y la misericordia de Dios su madre regresó a la vida.

Las amamos Miguelina y Mirnita , felicidades y bendiciones hermosas. Un abrazo fraternal para todos, Dios bendiga a cada uno de nosotros, su amiga y terapeuta, Verónica.

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