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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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25 Junio 2017 04:00:00
Minialcaldías
Doce meses, cinco o seis de los cuales transcurrirán en medio del ruido producido antes, durante y después de campañas políticas tanto estatales como nacionales, se antoja muy poco tiempo. Y lo es cuando se trata de administrar un municipio. A partir del primero de enero de 2018, 38 alcaldes coahuilenses enfrentarán el reto de convertir su periodo “cuña” de un año en una etapa de trabajo que deje huella o al menos merezca la calificación de positiva. Una tarea nada sencilla.

Para lograr éxito en tan difícil empresa se hará necesaria una minuciosa y concienzuda elaboración de proyectos viables, pensando en lo que se podrá hacer, no en lo que se desearía hacer, desechando aquellos que por cuestiones de tiempo y presupuesto serán imposibles de coronar. El 1 de enero del próximo año, los presidentes municipales están obligados a tener muy claro y finamente perfilado el plan de trabajo, sin olvidar que los 365 días por venir empezarán a agotarse desde el mismo momento en que abran la puerta de sus oficinas.

Nada de experimentos y prohibidas las vacilaciones, sería el lema ideal de una administración que expirará fatalmente en 52 semanas. También deberán olvidarse de aspiraciones personales por un rato. El abandono de la responsabilidad en busca de otro puesto, el “chapulineo”, como lo llaman los periódicos, sería un desdoro para el partido que los postuló y un borrón en su historia política personal.

La selección del equipo será clave. Tampoco parece recomendable llegar con la guillotina y renovar a todo el personal. Existen en cualquier municipio, sea grande o pequeño, puestos de operación de áreas en extremo complejas donde la experiencia debiera pesar más que los colores de los partidos y la cercanía al nuevo alcalde. Es necesario tener presente que no se dispondrá, como en mandatos de mayor duración, de un periodo de aprendizaje. No habrá tiempo de aplicar el método de error-corrección.

Quienes ocupen puestos claves requieren conocimiento del mismo, o un entrenamiento exhaustivo, a todo vapor, en los seis meses y medio que faltan para la toma de posesión, capaz de dotarlos de las herramientas indispensables que, siquiera en teoría, se requieren para salir airoso en las tareas que le correspondan.

En aquellos municipios donde quienes llegan militan bajo banderas partidistas de distinto color de los que se van –son los casos de Saltillo, Torreón y Piedras Negras–, es de esperarse de las actuales autoridades un sentido de responsabilidad colocado por encima de sus preferencias políticas. De no existir efectiva cooperación entre quienes llegan y quienes se van, los primeros arribarán al poder, si no con los ojos vendados, sí con una idea nebulosa de los problemas del municipio y de los mecanismos de los que se disponen para solucionarlos.

De no imperar la madurez en esos tres municipios y en los demás en las mismas condiciones, el fracaso de la nueva administración será compartida con la que terminó su gestión. Serán corresponsables. Cualquier asomo de mezquindad redundará en perjuicio del municipio y de quienes en él residen.

Este no es un recetario, el autor del texto carece de los conocimientos para intentar convertirse en consejero de nadie. Son, si acaso, reflexiones de un ciudadano de a pie preocupado por su municipio.

De cualquier forma, las alcaldías de un año –esa duración tenían aún a principios del siglo pasado– pondrán a prueba la sensatez, la visión y la capacidad de quienes habrán de ocuparlas. Ya veremos.
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