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Arturo Guerra LC
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29 Noviembre 2015 05:07:17
¡Mira cómo crecen los lirios del campo!
Del evangelio de san Mateo, 6

Así Jesús trata de explicar la Providencia de Dios. A lo largo de los siglos, quienes reconocen la existencia de Dios se han preguntado si no será Él como un relojero que fabricó el reloj-mundo, le picó al botón de encendido y lo dejó a su suerte para irse a atender asuntos más importantes… O si será un Padre bueno, cercano y providente que está muy al pendiente de su universo y de las creaturillas que lo habitamos.

Al hablar de la Providencia, Jesús fue claro. De hecho, su venida en carne podría ser la gran “movida” de su Padre Providente. Y para animarnos a confiar en la Providencia, Jesús no encontró ejemplos mejores que el de las aves del cielo y el de los lirios del campo:

“Miren las aves del cielo, cómo no siembran, ni siegan, ni encierran en graneros, y su Padre celestial las alimenta. […]. Miren cómo crecen los lirios del campo, no se fatigan ni hilan; […] y ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos.”



A san Francisco le encantaba hablar de las aves y de los lirios. Él era de la idea que mientras más sencilla fuera la predicación del evangelio, mejor. Lo llamaba “evangelio sin glosa”; es decir, sin inflaciones ni ornamentos ni silogismos rebuscados.

La cuestión en palabras sencillas: o nos fiamos de nuestro buen Dios que nos quiere y vela por nosotros o estamos algo fritos perdidos en este universo-reloj-bomba de tiempo sin sentido…

Algunos piensan que quienes creemos en la Providencia nos sentamos siempre a la sombra de un árbol, le damos un sorbo a una piña colada, cruzamos los brazos y esperamos a que Dios lo mueva todo…

Pero los pájaros del cielo vuelan de aquí para allá, supervisan terrenos, localizan posibles fuentes de semillas y gusanitos, alimentan a sus polluelos. Y los lirios del campo desarrollan pacientemente sus raíces por donde detectan más humedad y están atentos al paso del sol…

Así que si queremos aprender bien a confiar en la Providencia, ¡pongamos manos a la obra!, no a lo loco ni preocupados, sino como las aves del cielo y los lirios del campo.
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