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Yuriria Sierra
Yuriria Sierra
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16 Diciembre 2015 04:00:26
¿Mordilandia DF?
Toda nueva ley debe llegar para mejorar las condiciones de convivencia. Toda modificación a las existentes debe hacerse con la intención de precisar su alcance o de asegurar que, ahora sí, se va a cumplir lo que en ellas se estipula: si no se cumple lo que se ordena, se agudizan las consecuencias, a ver si así a la ley se le respeta. Esto último fue lo que sucedió con el Reglamento de Tránsito que a partir de hoy rige la movilidad de la Ciudad de México. Como a todos, seamos peatones, ciclistas, automovilistas, transportistas y, claro, autoridades, nos vale un soberano cacahuate la ley de tránsito (sólo hasta que su alcance nos perjudica), aumentaron ya las multas para cada falta al reglamento.

Por ejemplo; usar el celular mientras se conduce, ya amerita un pago de 2 mil 499 pesos. Váyase comprando su “manos libres” o comience a depender menos de este dispositivo mientras esté frente al volante. Si toca el claxon para otra cosa que no sea la de “evitar un hecho de tránsito”, la multa será de 699 pesos (váyale pensando cómo avisarle al de enfrente de usted que el “siga” lleva puesto 40 segundos y ni cuenta se ha dado). Si usted se transporta en motocicleta, pero lo hace sin casco, deberá acudir a ventanilla y desembolsar mil 398 pesitos por esa imprudencia (que sí la es, el casco puede salvarle la vida). Y bueno, por “faltarle al respeto a la autoridad” mejor ni le digo cuánto, porque cualquiera mala cara puede ser interpretada como una majadería para los, a partir de hoy, hipersensibles oficiales de tránsito. Estos son apenas algunos ejemplos que usted y yo ya debemos tener muy bien aprendidos para que en este país de Adanes (que no se resisten a la mordida) no nos vayan a querer ver la carota.

Lo sabemos, lo hemos visto siempre: cada que entra en vigor un nuevo reglamento de tránsito, se desata una ola de “buen trabajo” de los elementos que están en las calles: entre más infracciones, más la recaudación que llegará a la Tesorería del DF, y eso si hablamos de las multas que sí se paguen; porque si nos vamos al lado oscuro de la fuerza policial piense cuántas serán las oportunidades que tendrán aquellos elementos de llegar al famoso “¿cómo nos arreglamos?” Porque esa ha sido siempre la pauta de negociación en las calles chilangas. ¿O cómo nos aseguran las autoridades que esto no va a ocurrir? Así como hay un nuevo reglamento, ¿también hay un nuevo estándar en el ejercicio de funciones de los policías de tránsito? No digo que sean todos quienes andan con los incisivos bien lustrados, pero, capitalino o visitante que haya sido detenido al volante en el DF, sabe de qué estamos hablando. De no ser éste un tema presente en la cabeza de todos, no tendríamos una postura al respecto: “Quiero decirle a la ciudadanía que este reglamento busca salvar vidas, por lo tanto no tenemos ninguna intención recaudatoria. No va a haber una salida, desbandada, para hacer una cacería...”, dijo Miguel Ángel Mancera en conferencia de prensa.

Nada de malo tiene que se nos obligue a cumplir con ciertas normas que, para este caso, deberán mejorar las condiciones de movilidad de una ciudad como la capital mexicana. El asunto es que de nada servirá ésta o alguna otra, si el entendimiento que se le da al concepto de movilidad dentro del Gobierno de la ciudad está tan mal entendido. Todo aquí funciona mal: el Metro falla, el Metrobús no alcanza, las calles están en pésimas condiciones (toda la ciudad es un queso gruyer), cada día son más los automóviles que circulan. No se han preocupado por generar una cultura vial, no importa el medio de transporte que se elija o se tenga más a la mano. La Ciudad de México se mueve como puede y eso, desde luego, no es un escenario óptimo. Que los ciudadanos respetemos este nuevo reglamento, muy bien. Que los oficiales de tránsito hagan su trabajo, perfecto. Pero, ¿qué vamos a obtener a cambio? ¿Una ciudad en la que ni los “sigas” están sincronizados? ¿Una ciudad en la que todos hacen horas para llegar a su destino? ¿Cuándo mejorarán las tantas rutas que existen de transporte público?

Que este nuevo reglamento sirva para generar un cambio en la política de movilidad, pero también dentro de las oficinas que se encargan de crearla. O no va a servir de nada, si no es que para que los mismos de siempre se sirvan de ella. Y ya de por sí será una ciudad lenta, la más lenta del mundo, con su nuevo límite de velocidad: 50 km/hr. De por sí ya hacíamos horas. Ahora tal vez hagamos días. O en una de esas, acabemos como en Autopista del Sur, el cuento de Julio Cortázar en el que se quedan atrapados, completamente inmóviles, sin más opción que mirar fijamente hacia adelante, exclusivamente hacia adelante.
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