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Gerardo Hernández
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24 Febrero 2017 03:00:00
Moreira en su laberinto
A Donald Trump no le interesa la política ni desea aprenderla para no “contaminarse”. Su discurso, antes de ocupar la Casa Blanca y ahora como Presidente, es una demostración palmaria. Un Gabinete de plutócratas refuerza esa abominación. Los vicios del narciso son otros. Para él, como para la mayoría de los estadunidenses, todos los políticos son corruptos. No yerra. Lo mismo se piensa en México, España, Brasil, Francia, Guatemala y todo el mundo. Trump vituperó a Hillary Clinton (primera dama, senadora y secretaria de Estado) por corrupta. Su inquina por Barack Obama, por socialista y por su color, es igualmente proverbial.

Una de las principales fuentes de poder del líder de la potencia es la información. Con ese arsenal presiona, disuade o persuade a jefes de Estado y de Gobierno, a sátrapas y a dictadorzuelos. Por deleznables que sean o parezcan, los políticos cargan sobre sus hombros responsabilidades monumentales, de las cuales depende el desarrollo de sus países. Deben poseer, además de preparación, cultura y estabilidad emocional, cualidades para tomar decisiones en un mar de intereses plagado de tiburones. Guste o no, son imprescindibles. En ambientes viciados y canallas como los actuales, es indispensable que la ciudadanía se involucre en la política para cambiarla y convertirla de nuevo en instrumento de servicio y no de aprovechamiento personal.

“La demagogia es la capacidad de vestir las ideas menores con palabras mayores”. La sentencia, de Abraham Lincoln, aplica igual a millonarios ignorantes como Trump, que a políticos pedestres convertidos hoy en nuevos ricos. El mayor demagogo de Coahuila ha sido Humberto Moreira, un mitómano incurable, a quien Enrique Martínez puso el poder en bandeja de plata. Esa circunstancia convierte al exgobernador de la deuda casi cero en corresponsable del desastre.

Además del muro y de sus políticas contra la emigración y el libre comercio, que el presidente de facto Luis Videgaray responde con bravatas en privado y sumisión en Estados Unidos, Trump tiene otra carta, una de sus preferidas, para presionar a Peña Nieto: la corrupción. Sabe que en México los políticos son corruptos hasta la médula y odia a los partidos, en particular al PRI. No de balde, la PGR atrajo las investigaciones contra el Gobierno de Humberto Moreira y funcionarios de primer nivel –la mayoría de los cuales lo son también en la Administración de su hermano Rubén– por los delitos de peculado, desvío de fondos públicos y enriquecimiento inexplicable, derivados de la megadeuda por más de 36 mil millones de pesos.

Como gobernador, legislador, magistrado y líder del PRI que aún supone ser, Moreira se absolvió a sí mismo de todos los cargos y de las acusaciones que lo vinculan con el cartel de Los Zetas. Incluso su estancia en la prisión española de Soto del Real, donde en enero de 2016 pasó una semana, la presume como una experiencia para confirmar su “liderazgo”. La justicia de Estados Unidos lo ve de otra manera. En San Antonio, Texas, ayer fue subastada en 515 mil dólares (más de 10 millones de pesos) la residencia incautada a Herminia Martínez de la Fuente, suegra de HMV, como parte de una investigación contra el exgobernador. Mientras tanto, el tictac electoral de Coahuila presiona al PRI y a sus candidatos. ¿Moreira tirará demanda contra el Gobierno de Trump?
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