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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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02 Mayo 2017 03:00:00
Morir en Cancún
Cancún se convirtió, al paso de los años, de paraíso terrenal a tierra de deseos, en donde placeres y tragedias se presentan de manera intempestiva. Recordemos a Lady Coralina y a tantas otras tragedias inesperadas en ese espacio de cielo que con facilidad se vuelve infierno. Para Gabriela Jaramillo, la estudiante saltillense asesinada hace unos días por un canadiense en el hotel Gran Caribe Resort, en la habitación donde ambos se hospedaban, se volvió la última escena de su corta vida.

Los hechos que conocemos son los siguientes: ella tenía 23 años, era madre de dos niños y estudiante de Criminología. Viajó sola en avión de Monterrey a Cancún para verse con su presunto asesino, Michael Kalata y en esa habitación Gabriela fue golpeada de manera brutal en todo el cuerpo, principalmente en la cabeza, sufriendo un traumatismo craneoencefálico y fue ahorcada. Durante el acto homicida, Gabriela pidió ayuda y el personal de seguridad del hotel entró a la habitación 2127, pudiendo detener la agresión, aunque muy tarde para la joven, pues ya estaba moribunda.

Lo que podemos suponer, porque la historia se repite frecuentemente, es que Gabriela y Michael hicieron contacto por internet y después de algún tiempo creyeron que sería interesante conocerse personalmente, por lo que fijaron un lugar alejado de la ciudad de Gabriela, con la ventaja para ella de que nadie la iba a reconocer y la ventaja para el que así la alejaba de su red social de protección, teniéndola más fácilmente en sus manos.

Tal vez su relación se formalizó semanas antes, porque el 27 de marzo Gabriela publicó una imagen en su muro con el comentario: “Y vivía sin creerme que el equilibrio estaba en el oído. Entonces me dijiste “te quiero” y tambaleaste mis cimientos con dos palabras homicidas”, intuyendo inconscientemente que esas dos palabras iban a ser su destino final.

El día 19 de abril actualizó su foto de portada de Facebook con una imagen en la que se observa su apellido sobre la arena de la playa. Aun estaba viva y desbordante de energía. Enamorada, tal vez. Pero había conocido a su verdugo en redes sociales y cuando se conoce a una persona inestable de ese modo, sus puntos críticos de estado de ánimo se disfrazan fácilmente y sus conflictos de comportamiento y de relación interpersonal son encubiertos con frases hechas, con imágenes y emoticones que disimulan cualquier trastorno de
personalidad.

La lejanía real entre los protagonistas de un amor a distancia puede ocultar rasgos impulsivos disfrazándolos de necesidad de ayuda, de intento de manifestar dolor emocional, vacío o falta de interés por la vida.

Y las jóvenes necesitadas de afecto o en busca de su pareja ideal, como posiblemente fue Gabriela, creen en todo lo que el otro les diga, cerrando los ojos a la información que contradice sus ilusiones.

Los pocos datos que se conocen de Michael hacen suponer la presencia de un trastorno de la personalidad limítrofe, quien posiblemente se apegó con intensidad a Gabriela y luego, por algún motivo que lo hizo sentir ignorado o maltratado por ella, tuvo una enorme explosión de ira, que tal vez incluyó un episodio psicótico breve, desencadenado por la ingesta de alcohol o drogas, que lo condujo a la mutilación sin freno del cuerpo de su pareja, pues aun cuando ya estaba en la habitación el personal de seguridad y los paramédicos, el sujeto no podía frenar sus impulsos destructivos, todo ello como rasgo característico de las personas limítrofes.

Lo anterior es, claro, especulación. Pero lo que sí es seguro es que el viaje le costó la vida a una muchacha que tenía muchas posibilidades de salir adelante, con responsabilidades ante sus hijos y con ganas de vivir, que en algún punto de su vida tomó una opción arriesgada y esa decisión le quitó la vida.

Ese hombre tomó una existencia que no le correspondía y dañó permanentemente a otros seres inocentes que no lo merecían, porque ellos no tomaron ninguna decisión en este caso.

La Fiscalía General de Quintana Roo tomó una actitud extraña ante el caso, sobre todo en cuanto a la identificación plena del presunto homicida: no presenta ninguna fotografía del asesino, el nombre fue al inicio confuso (incluso nombrándolo “Kalata N”), sin declaraciones oficiales y con una lentitud que hace sospechar que no quieren darle impulso a la noticia.

Esta lentitud y hermetismo implica la intención de no clasificar a este crimen como feminicidio, porque el homicidio simple puede ser ignorado y el feminicidio es un crimen de Estado, imposible de soslayar y con la mirada del mundo sobre él.

Cancún está en el filo de la navaja, porque la corrupción está brotando como si fuera drenaje defectuoso y las estadísticas van a resultar aplastantes para su imagen pública internacional. Pero como sea, Gabriela merece justicia plena.
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