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Carlos Moreira
Carlos Moreira
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21 Marzo 2015 04:04:34
25 alumnos
En Europa y en América del Norte las universidades públicas ofrecen parte de su cátedra en salones muy amplios en donde se encuentran 100 o 200 estudiantes. Son prácticamente conferencias dictadas por especialistas en las cuales los alumnos toman notas y las complementan con la bibliografía que se les sugiere que lean. Los docentes tienen una descarga de tiempo que les permite atender dudas vertidas online o, en el mejor de los casos, presencialmente.

En esos mismos países, en la educación básica se limita el número de educandos; no son más de 25 para garantizar una atención de calidad centrada en la cercanía del maestro con los alumnos. En algunos casos el maestro cuenta con personal docente de apoyo. Las aulas además son de un tamaño que permite la movilidad de los estudiantes y la aplicación de determinadas técnicas de trabajo en equipo.

Es decir, en educación básica se parte de la idea de tener pocos alumnos, pues se está coadyuvando en la formación de los mismos. En cambio, en educación superior lo importante es brindar información a adultos jóvenes que ya tienen una formación personal y académica que les permite estudiar por sí solos y así allegarse los conocimientos.

Es decir, se parte de la idea de que los adultos deben estar más cerca de los más pequeños, hacerlos fuertes para que de grandes puedan valerse por sí solos.

En México actuamos al revés. En preescolar, primaria y secundaria los grupos pueden ser de 40, 45, 50 ó más estudiantes y en espacios muy reducidos. En contraparte, en la educación superior nuestras universidades limitan el ingreso de los jóvenes con el fin de contar con pequeños grupos de alumnos.

En México la educación básica es blanco de todas las críticas y espacio de pocos apoyos. A diferencia de la educación superior, que cuenta con el respaldo del Gobierno y de la opinión pública.

La educación básica es popular, en un país donde poco se apoya al pueblo. La educación superior es elitista.

En la educación básica se establece la evaluación de los docentes, la posibilidad del despido o el cambio de espacio laboral y bajos salarios. En educación superior la evaluación y la estabilidad laboral son parte de su autonomía y los salarios suelen ser más altos.

Y bueno, con relación a la cantidad de alumnos por salón de clase no solo vamos en contra de lo que establecen las naciones del primer mundo, sino complicamos el objetivo de la escuela de brindar una educación de calidad.

Quizá en el ayer se podía enseñar con buenos resultados a 50 o más alumnos. Hoy eso resulta muy complicado. De entrada, por ser nuestra sociedad mucho, pero mucho, más compleja que la del ayer.

La aparición de las nuevas tecnologías de la comunicación y el conocimiento, la inestabilidad laboral de los padres, el incremento en el número de divorcios y de modelos distintos de familia, un mayor índice de farmacodependencia en adultos (pero también en jóvenes y niños), la ola de violencia que azota el país, las exigencias cada vez más altas a las nuevas generaciones con relación a sus conocimientos y competencias; todo ello exige al maestro no solo una mejor preparación, sino además una mayor cercanía con sus alumnos.

Si se quiere elevar la calidad de la enseñanza, pero sobre todo si se desea formar mejor a las nuevas generaciones, se precisan más escuelas y más maestros con el fin de reducir el número de estudiantes en cada salón de clases.

Se requiere congruencia, se precisa mayor justicia para las escuelas de educación básica.
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