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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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01 Noviembre 2017 04:00:00
Muertos que regresan
El cartel en letras azules y rojas llamó mi atención: “No al Halloween. Sí a Cristo. Los muertos no regresan”. Supongo que quienes lo redactaron no se dieron cuenta de la incongruencia, porque el dogma fundamental del cristianismo es que Jesús regresó al tercer día de su muerte.

Todas las religiones del mundo surgieron como esfuerzos por entender nuestro origen y también la muerte. La mayor parte supusieron que había una vida posterior. El cristianismo postula, de hecho, que los muertos viven en un paraíso o un infierno (el purgatorio ya pasó al limbo) y que al final vuelven a la Tierra el día de la resurrección. Decir que los muertos no regresan, por lo tanto, es un pésimo argumento para combatir el Halloween.

La discusión sobre si se debe o no celebrar el Halloween es muy vieja en nuestro país. Muchos tradicionalistas lo consideran una fiesta extranjera que, por lo tanto, debe ser rechazada para privilegiar el Día de Muertos. Pero ¿realmente es mexicano? El Día de todos los Santos, del 1 de noviembre, y el Día de los Fieles Difuntos, del 2 de noviembre, tienen un origen cristiano y llegan a México a través de España. En México, es cierto, se mezclaron con algunas tradiciones locales, pero en el fondo fueron importados por los conquistadores españoles.

El Halloween también viene de fuera y ha sido igualmente modificado en México. ¿O acaso cree usted que en Estados Unidos los chicos salen a la calle pidiendo “me regala mi calaverita”?

El rechazo al Halloween en México suele ser producto de una actitud antiestadunidense. Se le identifica como una fiesta comercial que proviene de nuestro vecino del norte y que es, por lo tanto, inadecuada para nuestro país. Con frecuencia surge de una posición política entre quienes se oponen al sistema de libre empresa. Otra de sus fuentes, como en el cartel que cito al principio de este artículo, es un rechazo católico a los protestantes que supuestamente vienen del norte.

Como otras fiestas populares en el mundo, el Halloween es producto de una fusión cultural. Su raíz principal es cristiana y de ahí su nombre, que procede de la expresión All Hallows’ Eve, que quiere decir Víspera de Todos los Santos. Se mezcló, sin embargo, con una fiesta de los pueblos celtas paganos, el Samaín o celebración del fin del verano, hace ya siglos.

En el México prehispánico había también rituales y festejos vinculados a los muertos. Las ofrendas funerarias eran comunes en los templos mesoamericanos y de alguna manera han sobrevivido en las actuales ofrendas de Día de Muertos, las cuales tienen el propósito de dar a los difuntos que regresan (sí, que regresan) algunos de los alimentos y bebidas que más disfrutaban en vida.

Los intentos por erradicar el Halloween de México no han tenido éxito, en buena medida porque la festividad ha sido adoptada con entusiasmo por los niños. De hecho, quizá sea imposible evitar este y otros sincretismos. Hace unos días, por ejemplo, el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, señalaba orgulloso en Twitter: “Catrinas, calaveras y diablitos van bailando al Zócalo. La esencia de las tradiciones que nos identifican está en #CelebracióndeMuertos”.

¿La esencia de las tradiciones que nos identifican? Ese extraño desfile, mitad carnaval brasileño y mitad Disney parade, tiene apenas dos años de historia. Fue tomado directamente de la película Spectre del 007 que nada tiene que ver con la tradición mexicana. Algunas tradiciones, al parecer, se desarrollan más rápido que otras.

Reforma

Ayer se cumplieron 500 años del inicio de la reforma protestante, un movimiento que insufló aires de libertad al cristianismo, pero que también provocó las sangrientas guerras de religión europeas de los siglos 16 y 17.
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