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Yuriria Sierra
Yuriria Sierra
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02 Agosto 2015 04:00:44
Muñequitas rotas
Demasiadas almas. Tantas vidas expectantes de oportunidades para el desarrollo, para disfrutar aunque sea un poco lo que ofrece el mundo. Somos muchos, cada día nacen y mueren seres humanos, pero ello no implica que se haga un balance demográfico que controle los millones de pies que todos los días andan por la Tierra. La ONU estima que para 2022, India será el país más poblado del mundo, más que China incluso, llegando a los más de mil 400 millones de habitantes. Una cifra aterradora, porque pensaríamos que así como la natalidad sube, también lo hacen las posibilidades para que cada una de estas vidas dé el salto generacional que requiere para dejar atrás, para volver pasado la racha de carencias. Para 2050, se estima que seamos 9 mil 600 millones de personas poblando el planeta.

La semana pasada leíamos el informe del Coneval: 2 millones más de mexicanos que viven en condición de pobreza. Y qué extraños los rangos con los que se mide. Pobreza y pobreza extrema, pero pobreza al final de cuentas. Cuántos años más se necesitarán para revertir las cifras, para ver un decrecimiento en el número de habitantes que en México y el mundo carecen de herramientas para el desarrollo. No sólo es educación, sino cosas elementales: techo, piso y pared para sus casas; la seguridad de que habrá comida al
menos tres veces durante el día o que se tendrá algo listo para vestir y calzar.

Sin embargo, tristemente la desigualdad no sólo se mide en carencias. El Consejo Nacional de Población (Conapo) reveló hace un par de días las siguientes estadísticas: 11 de cada 100 mujeres mexicanas que se convirtieron en madres tienen entre 15 y 19 años (durante el periodo 2009-2014). Eso significó que la tasa de embarazo adolescente se incrementó, pasando de 69.5 a 77.3 casos por cada mil mujeres. También, se supo que existen alrededor de 880 mil madres solteras en nuestro país, de éstas nueve de cada 10 son
menores de 18 años. Mucho peor que hace una década.

La Ciudad de México es la única entidad que ha revertido esa tendencia. Es en estados y en sus comunidades rurales donde los números se incrementan. La Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica dice que esto se debe, efectivamente, a que en las comunidades no urbanas las posibilidades de realización para una mujer se reducen considerablemente. Pocas escuelas, poco trabajo, poca perspectiva de los gobiernos locales y tantos años de rezago en miles de familias. A muchas mujeres no les queda de otra más que
volverse madres para iniciar lo que entienden como un proyecto de vida, pero que a la larga se convierte en sólo una ruta de continuidad de carencias, necesidades y falta de oportunidades.

Es también asunto de educación, esa que debería darse con más regularidad no sólo en las escuelas, sino también como parte de programas gubernamentales que hagan que el tema de la sexualidad sea un asunto sencillo de hablarse en la sobremesa y, si no sencillo, al menos sí uno del que se tenga la información necesaria. Educación sexual que sacuda todos los prejuicios, que también son responsables de los índices de natalidad (que traen o que vienen con la desigualdad). ¿Cuántas de esas mujeres menores de edad
tuvieron la oportunidad de decidir sobre su cuerpo? La respuesta podemos inferirla si entendemos que hay mujeres que, aun pasando la mayoría de edad, siguen siendo criminalizadas por ejercer su derecho natural del libre albedrío para decidir sobre su cuerpo. Más aún: sobre su futuro.

Lo mismo que ocurrió el pasado fin de semana en la marcha en Guadalajara que dijo ser “por la familia”, aunque en varias crónicas se refirió también que se anexaron grupos contra el aborto, además de las claras consignas contra el matrimonio y la adopción por parte de parejas del mismo sexo. Todo porque “así es como debe ser”, dicen. “Porque es una ley natural”, aseguran.

Habrá quien piense que esto no tiene nada que ver con lo expresado antes, pero todo lo contrario. La desigualdad, las oportunidades, el camino para que todo el panorama demográfico y sí, también la pobreza, tiene mucho que ver con la educación que recibimos y damos. Y no se trata de decir qué es o no lo correcto, sino de que se tengan las condiciones para que todos los habitantes del planeta, mujeres para el caso del que hablamos ahora, puedan optar por lo mejor para ellas. Al final, embarazadas como si jugaran a las
muñecas, pero ellas son las únicas muñequitas rotas.
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