×
David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
ver +

" Comentar Imprimir
28 Marzo 2017 04:00:00
Nada humano debe sernos ajeno
“Nadie experimenta en cabeza ajena”. Esta frecuente afirmación, leída con rigor, a pie de puntillas, parece ser cierta. Se vislumbra imposible o por lo menos difícil sentir (en su justa dimensión y medida) aquello que no se padece o disfrutar lo que no se vive. En su investigación sobre el conocimiento humano, David Hume señala que “todo el mundo admitirá sin reparos que hay una diferencia considerable entre las percepciones de la mente cuando un hombre siente el dolor que produce el calor excesivo o el placer que proporciona un calor moderado, y cuando posteriormente evoca en la mente esta sensación o la anticipa en su imaginación”. Ni siquiera lo vivido en carne propia se percibe del mismo modo al sucederse que cuando se le recuerda.

Sin embargo, existe una facultad o capacidad inherente a los humanos que les permite formarse una idea, en ocasiones casi fiel, de lo que significa, causa y produce la naturaleza y el comportamiento, aun sin haberlo experimentado. Se trata del “entendimiento”. No muchas palabras poseen definiciones literales tan ricas como esta (las definiciones que se encuentran en los diccionarios suelen ser escuetas o ambiguas). Por ello, vale la pena retomarlas todas. Entendimiento (RAE, 2017): “potencia del alma, en virtud de la cual concibe las cosas, las compara, las juzga, e induce y deduce otras de las que ya conoce”; “alma, en cuanto discurre y raciocina”; “razón humana”; “buen acuerdo, relación amistosa entre los pueblos o sus gobiernos”, e “inteligencia o sentido que se da a lo que se dice o escribe”.

El entendimiento, por ser esencial para la convivencia y el desarrollo de los seres humanos, y por estar inevitablemente presente o ausente en todos los momentos de evolución y de involución de la historia, ha sido objeto de estudio desde tiempos muy remotos. En su Ensayo sobre el entendimiento humano (1690), John Locke escribió que “el entendimiento, como el ojo que juzga los objetos, sólo con mirarlos, no puede por menos que alegrarse con las cosas que descubre, sin sentir pena por lo que se le escapa, ya que lo desconoce”. En ese mismo sentido, reconoció que “el entendimiento es lo que sitúa al hombre por encima de los seres sensibles y le concede todas las ventajas y potestad que tiene sobre ellos”.

A lo largo de los siglos, las sociedades han reflexionado con respecto al uso del entendimiento. Gracias a él ha sido posible, por ejemplo, encontrar soluciones a enfermedades, conflictos armados y desacuerdos sociales que parecían insuperables. En la medida en que las personas, familias y comunidades han trabajado en el entendimiento, han logrado una vida mejor, pues este permite vislumbrar y sentir el dolor, la dicha, carencia, precariedad, abundancia, estabilidad y, en general, las circunstancias ajenas, aun sin haberlas constatado o comprobado. Esto es así en virtud de que el entendimiento es el puente que conecta todos los hemisferios.

Tal ha sido la preocupación para alcanzar y asegurar el entendimiento que algunos grandes pensadores han propuesto alternativas propias de destacar, a fin de evitar una concepción y estimación indebidas e inconvenientes de las cosas, lo que lo dificulta. “Tomás Moro sugería que a la gente se le debería forzar a abandonar sus casas para que no se emocionaran con los objetos y recuerdos acumulados”, Eduardo Punset (2005).

Es por eso, porque la humanidad aún se halla lejos de lograr un entendimiento tal que se traduzca en el respeto irrestricto de la dignidad de todos los iguales, y porque el desacuerdo y la desavenencia de unos y otros amenazan constantemente a todos, que no deben escatimarse esfuerzos ni recursos en perfeccionarlo. Ello conlleva, entre más, vivir con un elevado grado de conciencia y humildad, dominar los impulsos y desterrar las costumbres que desvalorizan a las personas, que las niegan al desconocer, ignorar o permanecer indiferentes frente a sus condiciones, requerimientos y expectativas.

De acuerdo con un artículo de PlayGround (mayo, 2016), “al valorar a personas que acabamos de conocer, a menudo somos víctimas de nuestros propios mecanismos psicológicos”. Frente a ello, en esta publicación se comparten algunos “trucos para entender mejor a las personas”, que consisten en: 1. Tomar en cuenta los “condicionales situacionales”, es decir, la situación particular en la que se encuentra cada persona con la que nos relacionamos, para no valorarlas inadecuadamente; 2. Ir revisando nuestros juicios (consideraciones y opiniones) sobre las personas, conforme interactuamos con ellas; 3. Evitar juzgarlas por su apariencia física y/o por la similitud de sus rasgos, bagaje cultural o personalidad con los nuestros; 4. No generalizar y lograr que las experiencias del pasado no condicionen negativamente la imagen y actitud que tenemos con respecto a alguien, y 5. Realmente asimilar que el resto de las personas no piensan como nosotros ni tienen nuestras mismas preferencias , “es decir, darle a la gente la oportunidad de hacerte saber que su zona de confort es distinta a la tuya”.

“Nada de lo humano me es ajeno” es, más que una simple frase, una profunda reflexión con una enorme carga de aceptación personal y reconocimiento social; con ella, Publio Terencio (190-159 a.C.), quien fue hombre libre antes y después de ser esclavo, capturó para la posteridad un aspecto esencial de la naturaleza humana: la igualdad como origen y fin del entendimiento.
Imprimir
COMENTARIOS



0 1 2 3 4 5 6