×
Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
ver +
Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

" Comentar Imprimir
03 Noviembre 2016 03:00:00
Narcoseries
Combatir el crimen es difícil. Esto lo vemos todos los días en nuestro país. Para nuestros políticos, sin embargo, el problema se resuelve con facilidad. Si no pueden derrotar el crimen, censuran a los medios.

Este pasado 31 de octubre los presidentes de las comisiones de Radio y Televisión del Senado y de la Cámara de Diputados, Zoé Robledo del PRD y Lía Limón del Partido Verde, emitieron un comunicado en el que expresaban su preocupación por “la transmisión de programas conocidos como ‘narcoseries’, a través de frecuencias del espectro radioeléctrico concesionadas por el Estado mexicano, en una franca violación a lo dispuesto por la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión”. Para el senador y la diputada la Secretaría de Gobernación y el Instituto Federal de Telecomunicaciones “no deben ser omisos ante las estaciones de televisión comercial que violentan la norma vigente, y sobre todo, promuevan la apología de la violencia y hagan ver al narcotráfico y sus actividades como un modelo de vida aspiracional”.

La censura es uno de los recursos favoritos de los políticos ante el fracaso de sus estrategias. Si no pueden controlar el narcotráfico, censuran los narcocorridos. Si son ineficaces ante la violencia, prohíben las narcoseries o las mandan al limbo de la televisión de medianoche.

Las expresiones artísticas tienden a reflejar el mundo que las rodea. Lo hizo la Ilíada en la Grecia antigua al retratar la violencia de la guerra de Troya, el Decamerón de Boccaccio al expresar la realidad de una sociedad asediada por la peste o Por Quién Doblan las Campanas de Ernest Hemingway al mostrar la guerra civil española.

Culpar a creadores o productores por las realidades que describen es una reacción natural de los políticos. En la década de 1990 el Gobierno de Ernesto Zedillo presionó a las televisoras para retirar del aire los noticiarios de nota roja, como Ciudad Desnuda. Yo era entonces vicepresidente de noticias de TV Azteca y opiné: “No estoy de acuerdo; pero si eliminar la violencia de las pantallas reduce la violencia en las calles, adelante”. Nunca bajó la violencia en las calles, por supuesto, y tampoco lo hará con la censura de las narcoseries o a los narcorridos. Acallar las expresiones artísticas sólo sirve para ocultar el hecho de que los gobiernos no están cumpliendo con su responsabilidad de proteger a los gobernados.

Los moralistas se quejaban hace décadas de El Padrino, la novela de Mario Puzo de la que surgió la película homónima de Francis Ford Coppola, porque afirmaban que se trataba de una apología de la mafia. Lo mismo hicieron con Arturo Pérez-Reverte por La Reina del Sur. Estas obras no ofrecen una apología del delito o de la violencia; pero si así fuera, el Gobierno debe entender que su responsabilidad es perseguir el delito y no las opiniones.

El actual intento de censura del senador Robledo y la diputada Limón se limita a la televisión abierta. Los nuevos censores no se preocupan por la de paga, quizá porque las emisoras no son mexicanas, a pesar de que ya un 60% de las familias tiene acceso a televisión restringida. Tampoco se molestan por los programas o series de Netflix o las películas en los cines. Su afán es sólo contra la televisión abierta.

La censura en cualquier caso es inaceptable, pero más la censura selectiva. Un gobierno que se dedica a acallar ideas u opiniones en lugar de resolver los problemas de la sociedad está condenado a profundizar sus problemas.

Trump sube

La candidatura de Donald Trump se ha fortalecido en los últimos días. La idea de que un triunfo suyo era imposible se está desplomando. En tiempos de incertidumbre, los populistas ganan fuerza.
Imprimir
COMENTARIOS



top-add