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Alejandro Irigoyen Ponce
Alejandro Irigoyen Ponce
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20 Febrero 2014 05:08:37
Náuseas políticas… o el tiempo de los narcisos
Otra vez en el circo de tres pistas, el de la simulación, del golpeteo político del más bajo cuño y el de la permisividad social; de nuevo forzados por la mercadotecnia propagandística a sumergirnos en la agenda de los autoproclamados políticos que se sienten con los méritos para pedir el voto ciudadano. Otra vez en el fastidioso, muy oneroso, sin mayor fondo que el relevo de caras y alguna vez de siglas, pero legalmente obligatorio proceso electoral para renovar el Congreso local.

Arranca la etapa de la sonrisa fácil, el saludo cordialmente fingido, la megadosis de promesas y los ejercicios de ponderación abierta -y que en muchos casos rayan en el más enfermizo de los narcisismos- de las supuestas virtudes propias, y el golpeteo subterráneo (y a veces no tanto) del opositor.

Tal y como corresponde a los tiempos que vivimos, los ciudadanos seremos testigos involuntarios de un sinnúmero de ejemplos de la defensa a ultranza de la marca partidista y de toda la fauna que la compone (aunque muchos de los especímenes sean literalmente indefendibles), y la denostación hasta gratuita y en cada oportunidad de la marca contrincante.

Es el tiempo en que ver la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio, es lo políticamente conducente. Que acertada la frase del escritor español Enrique Jardiel Poncela, de allá por 1940, pero que caracteriza a la perfección a la clase gobernante que padecemos hoy los mexicanos: “el que no se atreve a ser inteligente, se hace político”.

Bueno, pues a todos los que aspiran a una de las 25 curules (16 de mayoría y 9 plurinominales) habría que recordarles que las elecciones legislativas intermedias le importan un pepino al grueso de la ciudadanía. Los más informados entienden que se trata de un juego de pulsos entre los que detentan el poder y los que quieren arrebatarle un pedacito, sólo para subir la apuesta de la negociación y encarecer, en el mejor de los casos, el tránsito de la administración. En el fondo, poco o nada cambia la situación del “Estado profundo”.

Que el PRI intentará por todos los medios no perder la mayoría; que el PAN hará lo propio para que el equilibrio de fuerzas sea precisamente eso, y que la chiquillada se limitará, como siempre, a vender al mejor postor sus quereres. Nada nuevo.

De igual manera que en el mundo civilizado ya no se discute sobre derechas o izquierdas, sino entre democracias efectivas o dictaduras disfrazadas -o descaradas-, en el país significaría un avance sustancial empezar a quitar de la escena eso del tricolor, del blanquiazul o el sol azteca (que por lo demostrado son en mayor o menor medida la misma cosa, meros administradores de la coyuntura propensos a la corrupción e ineficiencia) y empezar a discutir el historial, las herramientas personales y profesionales de los aspirantes. Pero para eso, por desgracia, falta mucho.

Por lo pronto, otra vez en el circo de las simulaciones y el golpeteo, en el que los ciudadanos contribuimos con la permisividad que lo alimenta.
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