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Xavier Díez de Urdanivia
Xavier Díez de Urdanivia
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Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

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24 Diciembre 2017 04:00:00
Navidad, tiempo de reflexión y enmienda
La Navidad señala el tiempo de concluir un año y cerrar las cuentas. Es tiempo propicio para meditar y evaluar; no de recriminaciones, sino de tender puentes, de solidaridad.

En la tradición cristiana, el adviento es remembranza del nacimiento del mesías, que con él trajo esperanza y reconfiguró los esquemas de vida para dotarlos de perspectivas nuevas, abiertas a todos los seres humanos, sin distinguir entre ellos, y liberarlos de las ataduras que las tradiciones entonces normativas los habían sujetado.

Igualdad en dignidad; solidaridad de la más pura cepa, expresada en la caridad de los primeros cristianos, y fe, una fe incondicional en la trascendencia de toda acción efectuada en la vida.

Esos son valores que permea la tradición en la que se finca la civilización que llamamos occidental y que siempre han proclamado la asimilación de todos, interdependientes entre sí, de todos en un solo todo, cuyos vínculos están forjados en la dignidad, que es tanto como decir en la pertenencia a un cuerpo común, derivado de la condición de humanidad que comparten.

Una parada reflexiva se impone, un momento para tomar aliento y permitir que se asienten los exaltados ánimos de un año que, como ya todos van siendo, fue frenético y plagado de vicisitudes.

Cada quien tendrá que hacer su propio balance, y es recomendable que este no se centre en los supuestos éxitos o fracasos económicos, porque si bien se ve, uno de los principales ingredientes del cúmulo de problemas y males que el mundo padece en nuestros días es, precisamente, el énfasis que ha sido puesto en la persecución de riquezas materiales, a costa de todo, con merma gravísima del enriquecimiento de las virtudes
humanísticas.

Ya no se estudia para crecer intelectualmente y disfrutar del descubrimiento de saberes nuevos, sino para saber más que los otros y cobrar más por los propios
servicios.

Los planes y programas de estudios superiores ya no se proyectan para generar conocimiento y sentido de pertenencia responsable a la comunidad, sino para encontrar empleo, no siempre siquiera bien remunerado.

Y no es que esté mal recibir estipendios buenos; al contrario: mejor será el mundo cuando se cree más riqueza y se distribuya mejor, sin explotación y sin las asimetrías imperantes hoy.

La propiedad privada tiene también una función social, porque a la postre no podría generarse sin el concurso de todos. Este es un tema que se impone reconsiderar en estos días, me parece, desde el punto de vista personal, el de cada quien.

¿Qué tanto son honrados esos puntales axiológicos que fundaron nuestra civilización? ¿Qué toca a cada uno hacer para rescatarlos del ostracismo en que parecen
inmersos?

La Navidad es motivo de celebración y festejos, de reuniones y de reencuentros, pero también de reflexiva meditación. Dediquemos un tiempo para dar entrada a la paz del espíritu y la meditación sobre los propios comportamientos, sin reproches que aniquilen, pero sin rehuir la necesidad de ver oportunidades en los errores y supuestos fracasos, que lo son sólo si se permite que aniquilen y no provean aprendizaje.

Después de un año muy intenso, en el que tuve el privilegio de compartir en este generoso diario que acoge mi semanal reflexión, yo haré lo propio y dedicaré unos días a esas labores, al estudio y la reflexión, haciendo adobes al descansar, para cubrir algunas tareas que han quedado pendientes.

Por esa razón me privaré del placer de saludarlos el próximo domingo, reanudando mis colaboraciones, con la venia de Zócalo, a partir del 7 de enero del año que se aproxima.

Mientras tanto, deseo que pasen, en compañía de quienes más quieran, una Navidad feliz, pacífica y reconfortante, y que el 2018 sea para todos y todas un año pleno de ventura, logros y bendiciones.
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