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Armando Fuentes Aguirre
Armando Fuentes Aguirre "Catón"
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29 Septiembre 2014 04:10:17
Administración deseable
Don Sinople le comentó a un amigo: “Estoy orgulloso de mi prosapia y mi linaje.

Por mis venas corre (y sin cansarse nunca) sangre indígena, española, inglesa, africana, italiana, francesa y portuguesa”.

“¡Caramba! -se admiró el otro-.

¡Tu mamá debe haber viajado mucho!”... Babalucas se presentó en una editorial.

Llevaba consigo un voluminoso mamotreto.

Le dijo al encargado: “Hice un diccionario de la lengua española, y lo traigo para que me lo editen”.

Opuso el hombre: “Ya hay muchos diccionarios en el mercado”. Replicó Babalucas: “El mío es diferente a todos”.

Preguntó el editor: “¿Qué tiene de especial?”.

Contestó el pavitonto: “Las palabras no están en orden alfabético”... Doña Soreca, mujer dura de oído, iba manejando su automóvil en compañía de su esposo.

Los detuvo un oficial de Tránsito y le dijo a la señora: “Excedió usted el límite de velocidad”.

Doña Soreca se volvió hacia su marido: “¿Qué dice?”.

“Que vas muy aprisa”.

El agente le pidió a la mujer su licencia de conducir. “¿Qué dice?” -le preguntó doña Soreca a su esposo.

“Que le muestres tu licencia”.

El oficial revisó el documento y declaró: “Veo que es usted de Cuitlatzintli.

Hace 30 años estuve en ese feo pueblo y conocí a la mujer más vanidosa, más antipática, más desagradable y más fría para hacer el amor de todo el mundo”.

Doña Soreca se inquietó por aquel prolongado parlamento del agente. Asustada le preguntó a su marido: “¿Qué dice? ¿Qué dice?”.

Respondió él: “Dice que te conoce”... Un fantasma recorre la República: El fantasma del antiguo presidencialismo priísta.

A la anterior ineptitud panista ha sucedido una eficacia incontrastable por la cual todas las iniciativas presidenciales han salido adelante prácticamente sin estorbo.

Algunos dirán que después de 12 años de ineficiencia se requería un gobierno de mano firme promotor de los cambios que el país necesita para salir de la inmovilidad.

Estoy de acuerdo.

Fui, si no el primero, sí por lo menos el decimoctavo en señalar la habilidad de Peña Nieto para llevar a cabo esas reformas, impostergables ya.

Me preocupa, sin embargo, la debilidad que ha mostrado la Oposición ante las actuaciones gobiernistas.

Un ejemplo: Las protestas por la reforma energética se han diluido en agua de borrajas.

Si alguna se emprende en el futuro sonará hueca ya, y sin sentido.

Una administración eficaz es muy deseable, sobre todo en un país donde la estéril politiquería campa por sus fueros, pero es necesaria siempre una Oposición crítica y alerta de cara a los manejos oficiales.

Hoy por hoy las derechas se miran aleladas, incapaces de reaccionar, y las izquierdas actúan con obsecuencia extraña.

En cualquier país una conformidad así es muy peligrosa.

El mismo riesgo hay en decir “Sí” a todo que en decir a todo “No”.

Por eso yo mejor digo siempre que quién sabe... Una vedette le presumió a otra: “He estado en los mejores hoteles”.

“Sí -concedió la otra-.

Una hora en cada uno”... Don Fidelio, el marido de doña Gorgolota, le dijo al Padre Arsilio: “En 30 años de matrimonio jamás he engañado a mi mujer”.

“Lo felicito -respondió el buen sacerdote-.

Le tiene usted respeto a su esposa”.

“No -aclaró con franqueza don Fidelio-.

Más bien le tengo miedo”... Era la hora del café.

Don Algón, jefe de la oficina, fue al cuarto del archivo a buscar cierto documento, y encontró ahí a su linda secretaria Rosibel en ocasión copulativa con uno de sus compañeros.

Tratándose de los demás don Algón profesa una moralidad estricta, de modo que interrogó severamente a los conglutinados: “¿Pueden ustedes explicarme lo que están haciendo?”.

“Sí, jefe -replicó Rosibel sin alterar el ritmo del movimiento que en ese instante la ocupaba-.

A ninguno de los dos nos gusta el café”. (La respuesta es un sofisma.

Podían tomar té -los hay de muchas variedades-, chocolate o, en última instancia, atole de maicena, que ahora viene en sabores de nuez, coco, vainilla y otros igualmente deliciosos.

Es grande, sin embargo, la capacidad que tenemos los humanos para racionalizar nuestras acciones cuando éstas se apartan de las normas morales o jurídicas.

El mal necesita explicación. El bien no la requiere nunca. Y ahora permítanme un momento.

Voy a anotar esta última frase -es de mi inspiración- para volver a usarla en caso necesario)...
FIN.
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