×
Carlos Moreira
Carlos Moreira
ver +

" Comentar Imprimir
24 Septiembre 2016 04:09:00
No deben adoptar
Si alguien me preguntara si todos los homosexuales están en condiciones de adoptar un infante, mi respuesta sería un categórico NO. Pero igual sería la contestación si la interrogante tuviera que ver con heterosexuales. La capacidad de conducir, apoyar y orientar con responsabilidad y amor a un infante poco tiene que ver con las preferencias sexuales de un adulto; se precisa contar con valores, un rango de edad y un mínimo de estabilidad socioeconómica.

El debate que se ha producido por el tema del matrimonio igualitario y la consiguiente adopción, va más allá de los derechos de los infantes. Tiene que ver por un lado con el posicionamiento político de diversos partidos y grupos sociales, además con los intereses de ciertos sectores religiosos (que van desde la creencia hasta el temor de perder a sus feligreses más fieles) y, obviamente, con la visión del siglo pasado de parte de nuestra sociedad.

Cinco o seis décadas atrás en varias naciones del mundo se presentaba una serie de limitaciones a algunas personas por cuestiones de género o de raza. En el poderoso vecino país del norte los afroamericanos no podían ingresar a ciertos lugares, ni podían convivir con la “gente blanca”. La mentalidad de la supremacía racial seguía presente en el sentir de los ciudadanos de un país desarrollado que pregona la libertad

En muchos países las mujeres no tenían derecho a emitir su voto y menos aún podían ser votadas. En algunas instituciones educativas de enseñanza superior (como ciertas escuelas normales) se les exigía a las alumnas que se hincaran para supervisar que la falda tocara el piso. Hasta hace muy pocos años las madres solteras eran condenadas por la sociedad y tenían que sufrir desprecio e insultos de hombres y de mujeres por el sólo hecho de asumir sin pareja la manutención y formación de sus hijos. La falsa idea de superioridad del hombre sobre la mujer seguía manifestándose en hechos concretos

Los herederos de esa forma de pensar son quienes hoy se oponen a que las mujeres presidan actos religiosos, ponderan ciertos roles de género en sus hogares, exigen que dentro de la iglesia se excluya a quienes se encuentran divorciados y niegan determinados derechos constitucionales y humanos a los homosexuales.

Y en ellos se apoyan, a ellos pretenden utilizar quienes buscan llevar agua a su molino tanto en el plano político, como en el ámbito religioso.

La derecha en México, encabezada por Acción Nacional y la Iglesia católica (y varias iglesias cristianas), aún a sabiendas de que la iniciativa presidencial del matrimonio igualitario está en la congeladora –lo cual no es del todo entendible– y más aún, conociendo que con relación a la adopción de infantes no se encuentra en el contexto legal la exigencia de estar casado o ser heterosexual, aún siendo conscientes de todo ello, hacen convocatorias para movilizar a los sectores más conservadores, politizan el tema, aportan elementos para atizar el encono social de nuestro país.

La preocupación de esos grupos no tiene que ver con los niños más desprotegidos, aquellos que perdieron a sus padres en alguna circunstancia trágica, fueron abandonados en un acto de irresponsabilidad, o bien sufrieron una violencia extrema de sus propios progenitores (la gran mayoría heterosexuales).

Hay miles de niños que sueñan con tener unos padres responsables y amorosos. Y el panorama es difícil, pues si bien los recién nacidos rápido encuentran padres, no así los que están un poco más creciditos, pero que igualmente están necesitados de cariño y protección.

Hay miles de adultos que sueñan con brindar su amor a un infante, con gozar el privilegio de vivir la paternidad.

Los niños requieren cariño, cuidado, una buena educación. Las autoridades están obligadas a vigilar que quien asuma dicha responsabilidad cumpla con creces los requerimientos establecidos y garantice un correcto futuro del infante. Y en ello, insisto, nada tiene que ver que sea o no heterosexual.

Por desgracia, eso no es lo que mueve a muchos de los organizadores de las manifestaciones. Para unos el tema es el 18, implica calentar el país. Para otros el objetivo es conservar privilegios, canonjías y acrecentar el poder.
Imprimir
COMENTARIOS



5 6 7 8 9 0 1 2