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Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
Blanca Esthela Treviño de Jáuregui
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Blanca Esthela Treviño de Jáuregui, esposa, madre y abuela, proyecta a la mujer como formadora de valores, forjadora del carácter de los hijos y eje de la vida familiar. Su principal aportación como escritora es salvaguardar el bien común en todos los sentidos posibles a través del planteamiento de lo que es realmente femenino: el mejorar a la sociedad desde una perspectiva práctica, inteligente y comprometida con la tarea de revolucionar al mundo desde el interior de la institución familiar. Oriunda de Piedras Negras, siempre ha vivido en ésta ciudad. Correo Electrónico: [email protected]

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31 Diciembre 2017 04:00:00
No es el fin del mundo
El último día del Año 2017 no olvidemos cerrar círculos, ni poner puntos finales. Preparémonos a vivir nuevas circunstancias, nuevas historias. El fin de año nos lleva a reflexionar en lo que como patria tenemos, y nos insta a superar las condiciones presentes que impiden nuestro pleno desarrollo.

Benjamín Franklin decía: “Deja que cada nuevo año encuentre una mejor versión de ti mismo.” Dalai Lama afirmaba: “Solo existen dos días en el año en que no se puede hacer nada. Uno se llama ‘ayer’ y el otro ‘mañana’. Por lo tanto, hoy es el día ideal para amar, crecer, hacer, comprometerse, y principalmente….vivir.”

Comenzar un nuevo camino asusta, pero tras cada paso que damos, nos damos cuenta lo peligroso que es quedarse paralizado: “Gracias Pasado, gracias por todas las lecciones de vida que me has dado. Querido Futuro: Gracias, por darme otra oportunidad, estoy listo.”

Sin embargo, los grandes cambios siempre vienen acompañados de una fuerte sacudida. Pero no es el fin del mundo; es el inicio de un año nuevo. La persona con el corazón iluminado es consciente de que las preguntas de nuestro tiempo no pueden responderse con la limitada visión del pasado. Necesitamos de principios directivos para recuperar la integridad y seguridad, no de
respuestas vacías.

Es urgente una nueva visión de nuestro país, ciertamente. Necesitaos líderes que, mediante el poder de su presencia y la fuerza de sus ideas infundan fuego a su visión de patria. Una visión que reforme, que ilumine, que aproveche nuestros vastos recursos materiales, nuestras manos y nuestros cerebros para proporcionar una solución a la presente crisis. Una visión que haga realidad lo posible.

Las noticias de progreso, de logros, de buenas acciones, permanecen escondidas en las últimas páginas y nunca hay tiempo para llegar a ellas. La gente compra muy fácil las noticias de nota roja: El miedo vende. En radio, prensa, televisión y en la red se comenta el pánico social que hemos experimentado los mexicanos en los últimos tiempos. Marchas de manifestantes, críticas al gobierno federal en cartelones, grupos de encapuchados con la intención de reventar el aeropuerto del D.F., gritos irascibles: “Ya estamos cansados”.

No sOlo están cansados los jóvenes, también los mayores. Dicen los psicólogos que nos hemos habituado al pesimismo, y las cadenas del hábito son generalmente demasiado débiles para que las sintamos hasta que son demasiado fuertes para que podamos romperlas. El miedo hace a las personas creer lo peor en todas las circunstancias; así pues, la depresión es inevitable.

Para romper las cadenas del miedo se necesita mente sosegada, voluntad decidida, acción vigorosa, cabeza de hielo, corazón de fuego y mano de hierro. El miedo impide toda acción positiva. Estamos en tiempos de crisis, no cabe duda, crisis económica y de seguridad, pero hay otra crisis de la que se habla poco y que es más grave que las otras dos: Crisis de credibilidad. La consecuencia más grave es la pérdida del entusiasmo. Nunca se despoja tanto a una nación como cuando se le roba la esperanza en el futuro.

Nuestro país exige de nosotros alta fidelidad en el mirar, sentir, hablar y actuar y, especialmente, en el comunicar. Debemos exigir lo mismo de nuestros representantes y de nuestras instituciones. Existe un vacío de conocimiento de la realidad que vivimos: Los medios de comunicación no expresan las causas originales de los problemas que nos oprimen, solo las consecuencias. Exigimos una comunicación integral encaminada a la prevención de los desastres para que la sociedad pueda participar en la resolución de los conflictos. La cultura de la prevención no se instala si no cuenta con una ciudadanía participativa, educada.

Una sociedad que se alimenta de prejuicios, temores y mala prensa es una sociedad que se nutre de excusas para quedarse quieta, apabullada. Un prejuicio puede ser lo más perdurable que exista en el espíritu humano. Los mitos se instalan en la mente por la falta de conocimiento.

¿Quién dice la verdad sobre los sucesos que nos han desgarrado el alma? Nuestro país aumenta la mitificación de la realidad basada en el miedo. Así como las aves no salen de su jaula, de la misma manera los que ignoran qué es el bien y dónde está el mal no escapan de su miseria. Unos dicen que la imaginación abre a veces unas alas grandes como el cielo en una cárcel pequeña como la mano. Otros aseguran que buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro.

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