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Antonio Navalón
Antonio Navalón
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Periodista, voyerista de la vida y vendedor de libros. www.antonionavalon.com

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30 Agosto 2010 04:06:20
No es polvo, son cenizas
Como pecadores se les arrebataba la vida eterna

Hay pocos países en el mundo donde la muerte, los difuntos y nuestra relación con ellos sean tan importantes como en México.

En esta semana en la que de nuevo se han repetido declaraciones presidenciales, previas al 1 de septiembre, dos cosas me sorprendieron: cuando Calderón habla de muertos, nuestros muertos, es como si estuviera en otro país. Nos hemos convertido en un país bestial. Sí, son bestias quienes perpetraron la matanza de 72 indocumentados, pero lo son desde hace mucho tiempo y también los que asesinaron a tantos en Ciudad Juárez, Torreón, Tamaulipas.

El mundo entero y nosotros mismos nos asombramos ante tal brutalidad en contra de quien no la debía y también ante ese salvajismo con el que se rigen los propios delincuentes.

Así como respeto el grado de indignación por los muertos centroamericanos en Tamaulipas, pido ese mismo grado de indignación para las víctimas de Ciudad Juárez y para todo el exterminio que se ha producido en la lucha contra muchos, sin distinguir que aún siendo, delincuentes, narcotraficantes o sicarios, también son mexicanos.

Solamente entre los cruzados y talibanes existió ese odio hacia los muertos más allá de la muerte. No sólo se les negaba el derecho de vivir esta vida, sino que como pecadores se les arrebataba la vida eterna. Ese es el juego con nuestros muertos. Me siento horrorizado de ver tal grado de bestialidad entre nosotros, los teóricamente buenos.

Comprendo que el Presidente esté cansado de las cantaletas, nosotros también nos sentimos hartos de tener todos los días el recuento de los muertos como si estuviéramos hablando de piezas de plástico, no de seres humanos, como sucede en México. También nos sentimos hartos de que se hable de que la guerra continuará sin ponerle ni nombre, ni fecha ni sitio de lugar a la victoria. En la guerra como en la verdad no sólo hace falta tener razón, también hay que saberla hacer ganar.

Estados Unidos lleva perdidas las cinco últimas guerras en las que ha participado, en parte porque en el mundo moderno del Internet, la guerra o dura muy poco o la pierde quien la empezó. Hoy ya no son posibles guerras o cruzadas de 30 años. Por ello, no basta anunciar que, a falta de una policía confiable y fuerte, el Ejército seguirá en las calles hasta el último día de su mandato. Para ganar, tendríamos que señalar la victoria, cómo se alcanza y cuándo se considera que hemos triunfado.

No es novedad que salga polvo cuando se limpia la casa —esa misma frase ya fue usada antes, en un momento histórico terrible— pero es necesario que alguien le explique a Calderón, que ese polvo es en realidad la ceniza de todos los mexicanos muertos en esta falsa guerra que parece no tener fin, y lo que es peor, no se sabe cuál será la victoria para poder darla por terminada.
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