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Teresa Guajardo Berlanga
Teresa Guajardo Berlanga
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04 Octubre 2017 04:00:00
No olvidamos
El lunes se cumplieron 49 años de uno de los eventos de mayor trascendencia en la historia del México moderno. La noche del 2 de octubre de 1968 ocurrió la matanza de estudiantes y miembros de la sociedad civil por parte de militares y policías. Durante muchos años, y diferentes generaciones, hemos dejado en claro que el “2 de octubre no se olvida”. Pero, ¿entendemos realmente este fatal acontecimiento histórico?

Para comprender completamente, es fundamental aclarar el contexto en el que vivían las personas en nuestro país. México no fue la única nación que presenció movimientos sociales en 1968. Países como Francia y Estados Unidos también vivieron épocas de movilización social durante este periodo. Por su parte, en Francia hubo protestas por parte de un grupo conformado por estudiantes y trabajadores. Por otro lado, en Estados Unidos, la población se manifestó en contra de la guerra de Vietnam y el asesinato del líder Martin Luther King. En nuestro país, los estudiantes se manifestaron en contra de la represión por parte de policías y militares dentro de las instituciones educativas. Ante esta situación, estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Politécnico Nacional (IPN) formaron un grupo en conjunto con muchas de las universidades del país, exigiendo democracia y derechos civiles.

Después de haber analizado lo que sucedía en nuestro país debemos de preguntaros, ¿qué fue lo que realmente querían lograr los protestantes? Los estudiantes, junto con los civiles que también protestaban, tenían una lista con seis demandas hacia el gobierno del entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz. El primero de estos puntos exigía la libertad de los estudiantes y detenidos a causa de la manifestación. En el segundo punto se pedía la abolición del artículo 145 del Código Penal Federal, el cual regulaba los delitos de libertinaje, entendido como protesta, social. La tercera y cuarta demanda tenían que ver con la disolución de un grupo policiaco que participaba en la represión estudiantil, además de la destitución del jefe y subjefe de la policía capitalina. Además de los puntos anteriores, de igual manera se exigía indemnización para todas las víctimas de acciones represivas previas y establecer un diálogo para la negociación de las peticiones con la Comisión Nacional de Huelgas.

Podemos asegurar que el 2 de octubre de 1968 marcó la historia, y el rumbo de nuestro país. Si bien es un hecho lamentable, del cual no debemos sentirnos orgullosos, debemos considerar cuál es el legado de todas aquellas personas que lucharon por el desarrollo social. Como mencionamos anteriormente, ellos luchaban por la democratización del sistema y por los derechos civiles. Esa fue su lucha; lo que necesitaban en un momento dado en la historia de nuestro país. Si aquellas valientes personas pudieron enfrentarse a las autoridades del momento para exigir lo que por derecho les correspondía, ¿qué es lo que nos detiene para luchar por un mejor entorno social y político? Como se dice coloquialmente, “el pueblo unido, jamás será vencido”. Han pasado 49 años desde aquel parteaguas histórico que aconteció en nuestro país, y la lucha no terminó, evolucionó. ¿Cuántos más necesitamos para darnos cuenta que el cambio está realmente en nosotros?
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