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Denisse Dresser
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22 Julio 2013 03:00:11
No pasarán
No pasarán”, vociferan los miembros del Partido Republicano ante la posibilidad de una reforma migratoria. “No pasarán”, gritan los miembros más recalcitrantes del Tea Party ante la propuesta de legalizar a millones de migrantes indocumentados. Y por más que Barack Obama prometa, empuje y presione al Congreso y al Senado de su país, es poco probable que esa reforma ocurra. Las presiones en contra son demasiado fuertes; los costos políticos son demasiado altos; el cabildeo para sabotear cualquier avance es demasiado intenso. Y aunque Winston Churchill decía que los estadounidenses siempre acaban haciendo la cosa correcta “cuando han agotado todas las otras posibilidades”, ese optimismo hoy parece infundado.

Como lo argumenta Thomas Friedman, el columnista de The New York Times, en una columna reciente, la política estadounidense está dominada por un grupo pequeño y de mente estrecha al cual no le interesa gobernar, sino sabotear. No quiere aprobar políticas públicas sino enterrar cualquiera de las que Obama envía. No le preocupa ser políticamente suicida con los latinos si puede ser la piedra en el zapato del Presidente. Ese grupo de republicanos y sus aliados más conservadores está dispuesto a matar una reforma migratoria aunque entrañe beneficios económicos, sociales y estratégicos para su país. Los artículos sobre la reforma migratoria contenidos en el último ejemplar de Foreign Affairs en español lo subrayan: el Partido Republicano ha alejado a los votantes latinos con una desmedida retórica sobre la migración. Y el repudio electoral que los latinos manifiestan hacia el Partido Republicano refleja más los vicios de ese partido que las características de los latinos en sí.

Hoy, a pesar de que los demócratas del Senado y 14 valientes republicanos han forjado una iniciativa, los republicanos de la Cámara Baja se niegan a discutirla. Hoy que Estados Unidos necesita legalizar a los mexicanos que ya están allí, además de atraer a los mejores migrantes del mundo para mantenerse competitivo, el país cierra las compuertas en vez de abrirlas.

Estados Unidos está cambiando de color, de demografía, de faz, de composición étnica. Y esto asusta. Atemoriza. Produce los peores reflejos de una sociedad que sigue siendo muy racista, como el caso de Trayvon Martin -el joven adolescente asesinado por un hombre blanco- acaba de revelar. En lugar de encarar esos miedos y esos prejuicios a través de una reforma migratoria inteligente y coherente, el Partido Republicano se está encargando de reforzarlos. Con propaganda incendiaria. Con discursos polarizantes. Con la falta de una discusión a fondo seguida por una votación sobre el tema en la Cámara Baja. Con la aprobación de una solución amplia y realista al caos migratorio que existe en Estados Unidos, que entrañaría sacar de las sombras a tantos que contribuyen a la vitalidad económica de un país que depende de los migrantes pero los maltrata.

Y a un costo muy alto que sólo se percibirá a mediano y a largo plazo. La mejor forma de competir globalmente con China y la Unión Europea y el Este Asiático sería crear una América del Norte más integrada, más unificada, más cooperativa. Esto se lograría con inversión en corredores de transporte de carga y trenes de alta velocidad. Con la entrada mucho más libre y más fácil de personas a lo largo de la frontera. Con una reforma migratoria que desmantelara los muros en lugar de insistir en su elevación. Pero en vez de ello, los republicanos quieren redoblar el gasto en la patrulla fronteriza, ensanchar el muro, elevar la barrera, despreciar al vecino en lugar formas más eficaces de integrarse con él. En lugar de consolidar al continente están tratando de fracturarlo.

México tiene un papel importante qué jugar en esta discusión, ya sea de manera pública o privada. Según estudios recientes, la migración mexicana a Estados Unidos se encuentra en el nivel más bajo de las últimas cuatro décadas. Han partido menos personas y más han regresado. Ya sea por la crisis económica estadounidense o por la oportunidad de empleo en México -a raíz de la estabilidad macroeconómica- los mexicanos vuelven o no cruzan la frontera como lo hacían. Y éste es un argumento muy poderoso que podría resonar con fuerza en Estados Unidos. Legalizar ahora, a sabiendas de que el flujo está disminuyendo. Legalizar ahora, a sabiendas de que los mexicanos están volviendo. La amenaza de hordas de mexicanos aprovechando la legalización sería un mito. El espectro de millones de indocumentados cruzando año tras año sería un tigre de papel. Y entonces Estados Unidos, que necesita a los migrantes aunque no lo quiera reconocer, ya no podría esgrimir el argumento de “No pasarán”. Tendría, por necesidad, que sustituirlo por un amable “Pase usted”.
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