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04 Septiembre 2018 04:00:00
¡No se pelien!
“¡No se pelien, muchachos!”, era la frase que utilizaba la subdirectora Martha para tratar de poner fin a alguna madriza de las que siempre había en la primaria. La señora creía que con decir “¡No se pelien!”, por arte de magia los dos chamacos iban a dejar de romperse el hocico, se iba a levantar del suelo, a darse la mano civilizadamente y luego a compartir la torta en el recreo. Por supuesto el “¡No se pelien!” nunca funcionó, pero se nos quedó grabado a todos los que pasamos por el glorioso Instituto Durango. Me acordé de la maestra Martha porque ayer el prefecto electo, Andrés Manuel López Obrador, salió con la misma cantaleta: “¡No se pelien!”. Se los dijo a los diputados, luego de que en el primer día de la Legislatura, se dieran hasta con la cubeta. “Que se pongan de acuerdo, que haya armonía, que no haya pleitos, porque se necesita la reconciliación nacional para sacar adelante a México”, dijo AMLO, el mismo que desde 2006 se ha dedicado tooodo el tiempo a dividir a la gente, a generar odio contra el Gobierno, a inventar historias como la de “la mafia del poder” sólo para convertirse en Presidente. ¡Y ya lo logró! Pero, por lo visto, Andy Panda no entiende que esas broncas que se ven en el Congreso son las que él mismo sembró. Y esos problemas no se arreglan, como pensaba la subdirectora Martha, solamente diciendo “¡No se pelien!”.

Y más le vale a López Obrador que entienda pronto, porque de lo contrario se le va a ir su sexenio creyendo que puede resolver todo y sin resolver nada. Es importante entender bien las cosas, pues de lo contrario le puede pasar lo mismo que a Noé, el conserje del zoológico. Resulta que un veterinario estaba revisando a la gorila y descubrió cuál era el mal que le aquejaba. Fue con el director y le dijo:

–Este animal lo que necesita con urgencia es que le hagan el amor.

–¿Con urgencia? –dijo preocupado el director– Pero eso es imposible: el gorila macho que compramos nos llega hasta dentro de dos meses.

–Pues si la gorila no tiene sexo pronto, se nos va a morir.

–No, no, no. Eso no lo podemos permitir. La gorila es una de las mayores atracciones de este zoológico. La gente viene hasta del extranjero a verla. Algo tenemos que hacer para salvarla.

–¿Y si le decimos a algún empleado del zoológico que le haga el paro? ¿Conoce a alguno lo suficientemente caliente como para echarse a la gorila.

–¡Claro! Ahí está Noé el conserje –dijo el director aliviado y fueron con el tal Noé al que le plantearon lo siguiente– Mira, Noé, necesitamos que nos ayudes.

–A ver, dígame.

–¿Qué te parece tener sexo con la gorila por 10 mil pesos?

–¡Híjole!

–¡Por favor! El zoológico te lo agradecerá.

–Bueno, pero con dos condiciones.

-Claro, ¿cuáles son?

–La primera es que nada de fotos ni videos. No quiero que al rato me vuelva yo viral en las redes sociales. Ya ve cómo son de cábulas los compañeros.

–Muy bien, nada de fotos ni videos. ¿Y la segunda?

–Pues que los 10 mil pesos me los vaya descontando de a 200 quincenales porque ando bien roto.

Que tiemble de nuevo

Hace un año, cuando ocurrió el temblor, decían que la gente había despertado, que de las ruinas de los edificios había nacido una nueva conciencia ciudadana. ¡Ajá! Sí, cómo no. A ver, ¿fuiste a votar el domingo a la consulta de Presupuesto Participativo 2019? Si sí fuiste, felicidades: a ti sí te importa tu ciudad y te involucras en las cosas que valen la pena. Si no fuiste a una de las 2 mil 562 mesas de votación o ni siquiera te enteraste, te pido un favor: luego no te quejes.

¡Nos vemos el jueves!
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