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Francisco Garfias
Francisco Garfias
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06 Diciembre 2013 05:08:19
‘No sé qué pasó. El infarto’
Miércoles 4 de diciembre. Día uno del “cerco patriótico” a ese búnker en el que está convertido el Senado. Le faltó punch a Morena en su protesta contra “el robo de todos los tiempos”. Así llaman los obradoristas a la reforma energética que propone cambios a los artículos 27 y 28 de la Constitución para abrir aún más el sector energético a la inversión privada nacional y extranjera.

La ausencia del tabasqueño desinfló la movilización. Ni con los refuerzos de la CNTE aquello lucía nutrido. Era también día laboral. Eso no ayudaba. “Ya no es como antes”, recalcaba el maestro Bernardo Bátiz.

– Los liderazgos no se heredan. Andrés Manuel López Beltrán, hijo del tabasqueño, había convocado para las 10 de la mañana. A esas horas había mil personas. Llegó 58 minutos tarde. El tránsito, dijeron. No se quedó.

El hijo del Peje regresó a Médica Sur, donde su padre se repone del infarto al miocardio. Volvió al cerco por la tarde.

“No sé qué pasó. El infarto, día laboral. No sé…”, se preguntaba desconcertado el ex diputado federal Jaime Cárdenas, al reconocer la poca asistencia al cerco. Luego subió al improvisado templete colocado frente a la calle Madrid para alertar contra los peligros de la privatización del petróleo.

– Las torres de hierro que aíslan el Senado fueron vestidas y decoradas con mantas, pancartas, dibujos y pintas por los manifestantes. Unas eran ocurrentes, otras amenazadoras, otras francamente groseras. Todas antisistema.

En los templetes los discursos se sucedían unos tras otros. Se manifestaba “el pueblo” en contra de la privatización del petróleo. “Ni el PRI ni el PAN merecen un voto. Que se vayan a la chingada”, decía uno de los tantos desconocidos oradores que hicieron uso del micrófono a lo largo del día.

– Ildefonso tiene 77 años. Su labor era resguardar el cerco frente a la Glorieta Colón. Lo vimos alrededor de las tres y media de la tarde. Llevaba horas parado atrás del mecate que atravesaron los obradoristas para impedir el paso al Senado por ese flanco. Cubría su cabeza con una cachucha de Fórmula Deportiva. Está convencidísimo de que “la venta de Pemex” va a dejar un hueco en las finanzas. “¿Y cómo van a tapar ese hueco? Pues con impuestos”, decía con su lógica obradoriana.

El hombre se mostró amistoso, pero triste de la poca asistencia, sobre todo de jóvenes. “Son ellos los que van a sufrir más”, lamentó. De su bolsillo sacó una arrugada hoja con nombres y supuestos montos de aguinaldos que van a recibir funcionarios. Encabezaba la lista el doctor Agustín Carstens, gobernador del Banco de México, con 890 mil pesos.

A esas horas ya la tensión iba a la baja. La agresividad de algunos también. Llevábamos un rato sin escuchar el “prensa vendida” o “periodista corrupto”, que nos dedicaban cuando nos veían apuntar en la libreta.

“Ya me di cuenta de que usted sí es de izquierda”, nos dijo Gabriel Martínez, 70 años, diseñador gráfico, otrora empleado de la desaparecida revista Interviú. Nos vio escribir con la zurda. Llevaba un enorme gafete colgado al cuello que lo identificaba como brigadista en defensa del petróleo.

Ya entrada la tarde corrió la noticia de que el debate sobre la controvertida reforma se había aplazado. De allí se agarró Batres para decir que el cerco “fue un éxito”. El líder de Morena, acompañado por López Beltrán, volvió a convocar a los seguidores del Peje para este viernes a las nueve de la mañana.

Pero como ya dijimos, los liderazgos no se heredan.
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