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Juan Latapí
Juan Latapí
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16 Julio 2017 03:10:00
No se vale
ESTABAN TAN NERVIOSOS Y PREOCUPADOS que nunca imaginaron el desenlace de la pasada elección a la gubernatura, que -sea cual fuere el resultado- ya quedó marcada por el desaseo y la sospecha. Algo les falló en su elección de Estado y dos terceras partes de los electores no votaron por el candidato oficial.

TODO ESTO ha venido a reforzar el sentir de que las cosas no andan bien, que cada vez más compartimos un profundo malestar con el sistema político existente y, poco a poco, el hartazgo se va convirtiendo en una frustración al no encontrar alguna autoridad que le atore y responda como debe ser. A pesar de esto, como sociedad civil no hemos sabido cómo ponernos de acuerdo en lo que queremos y menos en la aportación de propuestas concretas; como si se tratara de un diálogo de sordos.

NUESTRO PRINCIPAL problema es que tenemos más conciencia que organización. El investigador Sergio Aguayo sostiene que conocemos nuestros derechos pero no logramos que se respeten por múltiples razones. Por ejemplo, una de las formas más elementales de participación es la firma de una petición a la autoridad; en México, en 1984, lo hacía el 9 por ciento y en 2010 el 18 por ciento; sin embargo, la diferencia con Suecia, durante el mismo periodo, el porcentaje pasó del 53 al 68 por ciento.

EN MÉXICO –transcribiendo lo que dice Aguayo- tenemos dos maneras de participar en la vida pública; la primera es la electoral, que recibe casi toda la atención. La segunda manera es la democracia participativa; involucrarse de manera constante en asuntos públicos para incrementar el grosor del tejido social. Esta es una veta más promisoria porque la evidencia demuestra que en la medida en la cual se organiza la sociedad en torno a propuestas concretas es posible frenar a los simuladores y corruptos y forjar alianzas con funcionarios y políticos comprometidos, que sí los hay.

LO ACABAMOS de ver aquí con las marchas por la dignidad, principalmente la efectuada en Saltillo, donde en pocas horas se consiguió convocar la participación de 50 mil espontáneos, como nunca antes se había logrado. De igual manera, el poder de convocatoria en otras plazas no fue nada despreciable, a pesar de las posverdades de la prensa oficialista.

DESAFORTUNADAMENTE poco o nada se hace por participar en organizaciones que se oponen abiertamente a las tranzas y voracidad de las autoridades. Nos focalizamos únicamente en la participación electoral, a sabiendas que todos sospechamos de la transparencia del sistema electoral que padecemos, a pesar de las verdades a medias de las voces oficialistas.

EN ESTOS MOMENTOS –siguiendo a Sergio Aguayo- ya se atisban en el horizonte las hordas de aspirantes a los 3,447 cargos que se disputarán en 2018. Durante el próximo año nos inundarán de anuncios prometiéndonos un lugar VIP en el paraíso, nos abrumarán con encuestas que se contradicen, nos invitarán a reunirnos con candidatos o a firmar desplegados de condena o apoyo, nos saturarán de propaganda engañosa, verdades a medias, mentiras, descalificaciones y hasta ofensas.

EL PROCESO ELECTORAL estará amenizado por unos árbitros electorales que entonarán emotivas alabanzas a las urnas, en cuyos vientres germinan los frutos de una democracia inmaculada, pura y sacrosanta. Quienes vigilan lo electoral fingirán demencia con la compra del voto pobre, los desvíos de recursos públicos, las intimidaciones del crimen organizado y las tropelías de los partidos.

EL PARTIDO VERDE Ecologista de México, por ejemplo, oootra vez regresa con promesas de dudosa viabilidad y moralidad. Desde ahora se ha disfrazado de santo patrono de la infancia desprotegida y promete impulsar una ley para que cada partido done el 20 por ciento de su financiamiento público anual para combatir el cáncer infantil. Aguayo se pregunta ¿ustedes le creen?, y responde, yo tampoco. Una vez más, ese partido político se olvidará de lo ambiental y manipulará una causa noble para seguir jineteando el presupuesto. Puede hacerlo porque cuenta con la protección de los árbitros.

EN TANTO LLEGA 2018, nos seguirán presentando la democracia electoral como la mejor forma, si no es que la única, de resolver nuestros problemas. Si les hacemos caso –continúa diciendo Aguayo- les transferiremos las responsabilidad que tenemos, como ciudadanos, de involucrarnos en la resolución de nuestros problemas inmediatos. Sentarse a esperar que “alguien” resuelva de manera milagrosa las carencias de la vida pública seguirá siendo el camino más corto hacia la frustración. No hay que olvidar que la frustración desemboca en depresión o violencia.

DE SEGUIR ASÍ, todas nuestras instituciones continuarán perdiendo la confianza y credibilidad que necesitan para funcionar debidamente. A veces parece que esta situación es un plan con maña para que unos cuantos sigan beneficiándose, pasando sobre todo y todos, y sin que nadie los moleste. No se vale.

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