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Ricardo Torres
Ricardo Torres
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06 Julio 2018 04:00:00
No somos agachones
En el 2013 una ciudadana de nombre María de la Luz Sánchez Treviño, de 86 años, irrumpió en YouTube y en un video que pronto se viralizó dirigió un discurso a los mexicanos (Transcribo sólo una parte de su mensaje de 13 minutos con 46 segundos) en el que decía:

“Yo traigo una cosa muy adentro que quiero platicar con ustedes, mis queridos compatriotas”. Y se soltó.

“Quiero notificarles mi sentir de lo que nos está pasando con estos gobernantes, que no son más que unos rateros disfrazados, disfrazaditos nada más, pero que no dejan de ser rateros. Robar. Es lo único que saben. Yo creo que para eso estudiaron: para robar. Para amolar al pueblo. Al fin que son indios, al fin que están acostumbrados a comer frijoles. ¿Y ustedes qué? ¿Qué se creen?”

“Los mexicanos somos muy tontos. Perdonen la palabra, la expresión. Somos agachones. No sabemos defendernos de esta bola, de esta lacra de sinvergüenzas que no podemos quitarlos. Suben la leche, suben el huevo, suben todo. ¿Y qué? ¿A fin que a ellos qué les preocupa? La pobre gente, esa es la que sufre; no tiene qué comer”.

Y es que el discurso de doña María de la Luz, obedecía al informe que en ese mismo año rindió el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) en el cual se reveló, que la pobreza en México había aumentado de 52.8 a 53.3 millones en el periodo 2010 a 2012; Como respuesta a tal información, el actual Gobierno federal organizó dos conferencias casi al mismo tiempo. En una, Rosario Robles y Luis Videgaray, titulares de Sedesol y Hacienda respectivamente, se dieron a la tarea de matizar este informe. En la segunda, como una franca cortina de humo o distractor, el procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, dio a conocer que tres acusados de asesinar a un subteniente de Marina en Michoacán eran Caballeros Templarios confesos. Gracias a la “caja china” la nota de la pobreza fue sepultada con el anuncio policiaco y en los días posteriores la clase política, poco tocó el tema de los datos del Coneval.

Angustiado, José Woldenberg escribió: “Somos como sociedad y como sociedad política insensibles. No existen la voluntad, ni las políticas de gobierno para acabar con la pobreza. Lo cierto es que la medición de la evolución de la pobreza por parte del Coneval no produce los ecos permanentes que debería. Quizá la razón más profunda sea que la desigualdad es ancestral. No se inventó ayer ni antier. Las décadas y los siglos pasan y parece inconmovible. Y por supuesto nos hemos acostumbrado. No conmueve, no indigna, no moviliza”.

Así pues, respecto a estas sentencias, alguien dígale a doña María, que el pasado 1 de julio, los mexicanos despertamos para dar un tremendo ejemplo al mundo de que no somos tontos, que tenemos dignidad y que de agachón como ella lo identificó, no tenemos nada, ya que con un plumazo, los mexicanos espantaron al PRI de Peña Nieto y al PAN de Fox y Calderón, los cuales rondaban amenazantes y escudados en falsas campañas y amenazas, mismas que poco importaron.

Y de la insensibilidad de los políticos a la que se refería Woldenberg, también ya se han encargado estos mismos mexicanos que acudieron el domingo pasado masivamente a las urnas dando con esto el mensaje de que el poder nunca fue de la clase política y menos de aquella insensible y mal agradecida de la confianza que en el pasado se le depositó.
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