×
Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
ver +

" Comentar Imprimir
07 Julio 2016 04:00:15
‘No te va a doler’
Y a lacerarnos; a escandalizarnos. Después de la “casa blanca”, las de otro color y los terrenos agrestes ubicados dentro de campos de golf, el caso de Humberto Moreira vino a apestar el ambiente. ¿Que aquí de sus sinvergüenzadas nada sabía, se atreve a afirmar la PGR? ¿Hasta allá llega su alcahuetería? ¿No estaba a la mano un Virgilio Andrade para disimular tal bandidaje? ¿Tuvo que recurrirse a la desmemoria de las masas sociales? Qué país, mis valedores. Qué México, qué mexicanos.

La corrupción en México viene de muy atrás; eso es obvio, afirma el estudioso, pero no es una debilidad, un rasgo propio y menos un atributo inherente al mexicano y al humano en general. Pensar que el hombre es deshonesto por naturaleza, más que tratar de entender la corrupción equivale a renunciar a explicarla como fenómeno social; es atribuir al hombre como tal lo que es fruto de un sistema socioeconómico que hace del hombre la principal de sus víctimas.

Ellos, sí, los Montiel y Salinas, los Fox, y Moreira, y Romero Deschamps. Ellos, la pura corrupción. Sí, ¿y nosotros, en tanto? Las palabras, dice el filósofo, violentan y vencen el entendimiento, lo lanzan a la confusión y desvían a los hombres hacia inútiles fantasías. Como esta de que los corruptos son ellos, y nosotros simples víctimas y espectadores de sus sinvergüenzadas. Y no, por supuesto que no; cuando así se encenaga ante el extranjero la imagen de nuestros gobernantes, imposible hurtarle el cuerpo a semejante suciedad, pero no perdamos de vista que tales corruptos son flor y espejo de la comunidad, esta que en su diario vivir regula sus acciones con lemas como estos, nuestras señas de identidad:

“Yo nunca he sabido fallar”. “Se lo entrego mañana sin falta”. “Sin falta te pago mañana”. “A mitad de precio, por ser para usted”. “Le queda que ni pintado”. “No, mami, no me dejaron tarea”. “Quedó como relojito”. “De la mejor calidad”. “Te hablo llegando a casa, créeme”. “Es que no traigo cambio”. “Tu asunto está en manos del mejor abogado”. “Ay, papi, cómo crees; si también van a ir sus papás”. “¡Reinita, no te va a doler! Claro, después me caso contigo”. “Tú has sido el primero y serás el último”. “Yo cobro lo justo”. “Aquí la queremos mucho, suegrita”. “Virgencita, te lo juro. Lo que pasa es que nací con el himen caído”. “La del estribo y nos vamos”. “El licor, ¡ni olerlo!” “Cuánto lo siento”, el de la funeraria. “Te lo juro besando la cruz”.

Y siguen bastos: “Me extraña, yo nunca antes había fallado”. “Fue la preventiva, mi azul”. Yo venía despacio por mi carril”. “Son los mejores lugares. Centro, primera fila”. “Mañana, sin falta. Ocho en punto, te lo juro”. “La del estribo y nos vamos”. “Esta fue la última de mi vida. Yo el chupe no lo vuelvo ni a oler”. “Palabra de honor”. “El güerito es tuyo, mi negro, ¿pues de quién iba a ser?”. “Yo soy pero que muy derecho”. “Esta vez va derecho, de veras”. “A partir del lunes dieta rigurosa y gimnasio todos los días”. “Yo te lo juro que yo no fui”. “¿No ves que me estoy muriendo?”. “Me quiebro, pero no me doblo”. “Yo soy así: de una pieza”.

Así que tan sólo políticos enriquecidos. Y a propósito: ¿qué saben ustedes de la venta de la “casa blanca” que en el fragor del escándalo prometió su dueña? Ah, México. (Ah, mexicanos)
Imprimir
COMENTARIOS



top-add