×
Dalia Reyes
Dalia Reyes
ver +
Comentarios a: [email protected]

" Comentar Imprimir
25 Mayo 2018 04:00:00
Nos incitáis al mal
El compromiso de la mujer moderna, liberada, en pleno ejercicio de la igualdad, tuvo un incremento directamente proporcional a sus exigencias. Esto no va a parar, pues cada vez se encuentran más resquicios en donde se ha fosilizado la idea despectiva hacia el género femenino; sin embargo las concesiones sociales siempre llevan compromisos públicos –y curvas exigidas- que no siempre seremos capaces de cumplir.

La apariencia es en la mujer productiva lo que el plumaje al pavorreal; sin él, no conquistará siquiera a la hurraca más modesta. Por conquista entiéndase una amplia gama de acepciones: Pareja, ascenso, crédito, credibilidad. Cada vez más pública, la mujer aceptó, por implícito, el compromiso social de ser un modelo, y como tal, deberá apegarse a las exigencias que se fueron concedidas cuando obtuvo sus derechos.

En el tema del físico no veo cómo las mujeres pueden alcanzar ese descarriado tren de vida cuyo fundamento central radica en lo de afuera, en la primera impresión; el resto es discutible, incluso perdonable.

Mantenerse una dama con las curvas necesarias para ocupar páginas públicas enfrenta retos que van de los celos, la envidia, la inseguridad, el machismo y la clase social. Parece ínfimo el impacto, pero en familias encabezadas por parejas trabajadoras establecer rutinas que les permitan bajarle al azúcar, a la sal –como pide el PrevenIMMS- es un acto de malabarismo. En contraste, una mujer con recursos e interesada en mejorar su apariencia requiere de otro factor: Un esposo seguro de sí mismo, quien asuma el atractivo de su mujer como un plus tras el matrimonio y no como una amenaza.

La afirmación anterior tiene un sustento. La encuesta nacional sobre violencia en el noviazgo tiene entre sus rubros principales de indagación preguntar si la pareja la violenta física, verbal o sicológicamente por su apariencia y/o su manera de vestir. Chantajes, insultos, pellizcos, bofetadas reciben mujeres con una firme pretensión de tener buena imagen pública, pero en privado, la actitud es considerada como retadora o malintencionada.

Si bien Sor Juana Inés de la Cruz recibió violencia de género en su momento no fue por andar mostrando el atractivo visual, sino el de su intelecto, y este le dio a saber que el hombre incide bastante en un “comportamiento reprobable” cuando empuja constantemente a la mujer a rebelarse.


.(Javascript debe estar habilitado para ver esta direccion de correo)
Imprimir
COMENTARIOS



  • 0
5 6 7 8 9 0 1 2