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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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18 Junio 2018 04:00:00
Nosotros no ganamos el partido
Cuando la Selección Mexicana gana un partido, nosotros no lo ganamos, ni México lo gana: lo gana la Selección. Lo mismo que cuando pierde un partido, un torneo o un campeonato: es la Selección quien lo pierde.

Está bien emocionarse, porque existe un proceso de identificación con el símbolo que se representa en los colores, en las imágenes asumidas como propias de la patria, pero ni el equipo lo integra el ciudadano mexicano, ni representa los valores más altos del país.

Es sólo un juguete que juega un juego apasionante… y nada más.

Sin embargo, el triunfo es importantísimo para millones de personas, porque después del juego ganador se sienten victoriosos, olvidan por cierto tiempo las frustraciones personales, salen a festejar y el ambiente se torna festivo.

Se respira un aire como del México de antes, del país que era, donde todos los problemas estaban en vías de solucionarse, en donde teníamos tanto futuro que nos podíamos ver de tú a tú con cualquier potencia mundial.

Con un triunfo así la percepción generalizada es de dejar atrás los miedos, los temores y las inseguridades. Este es el poder del triunfo en el deporte.

Es la catarsis, esa sensación de que el equipo es México, y que provoca la impresión de que si el equipo de México gana, ganamos todos.

No son once jugadores sobre una cancha de futbol en un estadio. Es todo México. Es el efecto Dunning-Kruger aplicado a la sociedad.

El futbol tiene tantos seguidores porque mueve los estratos más profundos de la personalidad humana. Es un juego que despierta nuestros instintos cazadores, que además sirven para marcar el territorio y para defenderlo.

De ahí que es un juego de dominio del espacio contra la tribu rival, que despierta las emociones más primitivas necesarias para la supervivencia de la especie. Y en estos momentos en los que una de las naciones más potentes del mundo, vecina nuestra desgraciadamente, nos está amenazando con el fin de ponernos de rodillas, un triunfo de esta magnitud nos puede devolver el alma al cuerpo, aun cuando sea por unos momentos.

El futbol descarga de una manera intensa y sin riesgos las tensiones agresivas de los seres humanos. Después de un juego en el que gane el equipo con el cual nos identificamos, la agresividad queda satisfecha y las personas se sienten liberadas de tensiones acumuladas durante mucho tiempo.

Es decir, que la catarsis libera a la sociedad de una parte de la tensión agresiva reprimida y hay, por un breve espacio, menos destrucción en la comunidad que vio el juego, más tranquilidad entre los espectadores y la sensación de bienestar que es necesaria para reducir los estresores cotidianos.

Lástima que esto no sea más que catarsis. Porque luego se impone la realidad y volvemos a nuestra vida diaria, a nuestras labores cotidianas. Ahí el triunfo no se hace corriendo tras de una pelota.

Los problemas ya no se resuelven con la motivación que nos dejó el triunfo en el futbol. Vuelve nla inseguridad y la crisis, se hace presente el malestar por el futuro puesto en los distintos proyectos de nación, por la inseguridad y la corrupción, por todos esos factores sociales negativos que dejamos correr sin refrenarlos ni alzar la voz como sí se hizo con el extraño acontecimiento de las escorts que acompañaron el triunfo de la Selección Mexicana luego del triunfo sobre Escocia, en la despedida del “Tri” en el estadio Azteca.

Y lo paradójico de la marcha a la que se convocó en redes sociales para que la esposa de Héctor Herrera lo perdonara por su pequeño desliz, a lo cual se comparó con el terrible trato recibido por Lady Coraline en una clara muestra de discriminación y misoginia.

En fin, que ni usted ni yo ganamos ese juego y seguimos trabajando en la vida real, llena de obstáculos y dificultades, esperando con ilusión seguir adelante para ver el próximo partido que, si lo ganan los jugadores de la Selección, nos darán otro motivo de alegría… hasta que pierdan y nos sintamos de nuevo defraudados y exigentes. Esa es la naturaleza humana.
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