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Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
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23 Diciembre 2017 04:00:00
¿Nosotros qué?
Destino de pueblos débiles, de pueblos sumisos y dependientes, desastrados pueblos que permiten ser gobernados no por estadistas ni por varones honestos sino por voraces arribistas cuyo propósito fundamental, y esto lo certifican la historia y la realidad objetiva, consiste en robar todo el dinero que otorga el poder y todo el poder que otorga el dinero. Entre el ser y el tener tales mediocres tienen que conformarse que lo segundo. Esa ralea de arribistas es la que trepa al poder. ¿Y nosotros? ¿Nosotros qué?

Una tan tóxica situación sólo se logra dentro de un estado de derecho que lo es de enunciado, pero al que no avala la realidad, como sí certifica la descomunal corrupción lucrativa que propicia la impunidad dentro en la que se arropan los rapaces de la burocracia gubernamental. ¿Responsables de tan abyecta situación? Nosotros todos, los dueños de una casa común que no hemos querido, que no hemos sabido proteger de unos malos servidores que llegaron al puesto por comisión u omisión de todos nosotros. Trágico.

Trágico porque nunca antes, desde que la Nueva España derivó a ser México, y esto también lo certifica la historia (la historia verdadera, no esa embustera historieta oficial que nos induce a tratar de héroes a bribones y menospreciar a personajes de la prosapia de los Flores Magón, pongamos por caso); nunca antes, repito, se había registrado unos tiempos de más befa, desprecio y descrédito del exterior, y concretamente del vecino distante, para pueblo y Gobierno de este país. Desde Guadalupe Victoria, primer presidente de la República, hasta el actual, nunca la nación había sido befada, vejada y menospreciada hasta límites de una sofocante humillación. A lo largo de su historia, México ha estado en situación de aliado como también de enemigo, pero nunca, ni en los años de Ortiz Rubio, había sido colocado en el banquillo de la saña, la ofensa, la descalificación. Dramático, pero, mis valedores: ¿cómo pudiesen exigir respeto aquéllos que no se dan a respetar? ¿Con qué calidad moral exigir a los que nos desprecian una actitud respetuosa, cuando hoy día, para el mundo, el Gobierno de México, y con él todos nosotros, somos el estereotipo de la corrupción? Y si no, ¿qué opinión merece a ustedes este encabezado que publicó el semanario de fecha reciente? “Trump se vacuna contra la corrupción mexicana”. (Nosotros, en tanto, como para refinar la humillación, a pensar a lo gringo, a aspirar a lo gringo, a imitar a lo gringo, a escribir en gringo, con la mitad de vocablos en castellano, y la otra mitad en . ¡Guáu! (Hasta el ladrido les imitamos.)

Mientras las acciones vituperosas en contra de nuestro país se generan en Washington por bocaza de Trump, acá, de fronteras adentro, los usuarios constantes de las redes sociales se ensañan contra los cupulares mediocres del presente Gobierno; a lo audaz y valiente desde el burladero de la red y al son de la altisonancia y la escatología, porque la red es cubil desde donde, atejonadas (a lo implacable, desbozalado y valentón) se produce el orgasmo de los iracundos con sus venablos de odio, desprecio, burletas y ofensivas alusiones contra quienes pusimos o dejamos poner en nuestro Gobierno. Al humillarlos nos humillamos y nos ofendemos ofendiendo a aquellos cuya estatura ni remotamente corresponde a la de los estadistas, sino a una camarilla de burócratas ávidos de allegarse los dineros que hemos aportado todos nosotros, pero que, no obstante, les permitimos seguir en la cúpula gubernamental. Destino de pueblos débiles.

(Horroroso).
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