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Jorge A. Meléndez
Jorge A. Meléndez
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10 Marzo 2018 04:00:00
Nostalgia vs ilusión
“Al envejecer, se puede vivir de nostalgia o de ilusión. Yo prefiero la ilusión de que lo que queda por vivir pueda ser igual de bueno y significativo que lo ya vivido”.

Estas fueron las palabras finales de la homilía del padre Peter Coates en la misa para celebrar hace poco los 80 años de mi padre.

Una frase profunda y significativa que bien puede aplicarse en los negocios. Y es que en la era de la disrupción, las organizaciones envejecen cada vez más rápido.

Por eso muchos líderes ven con nostalgia sus éxitos pasados y se aferran a las estrategias con las que los lograron. Los atrapa El Dilema del Innovador que reseña el gran libro de Clyde Christensen.

El profesor de Harvard asegura que empresas longevas y bien manejadas a veces fracasan ante “sismos tecnológicos”.

“La mayoría de los cambios tecnológicos mejoran el desempeño de productos. Pero ocasionalmente emergen tecnologías disruptivas (TD) que provocan el fracaso de empresas exitosas”, señala Christensen (vea un video resumen del libro en nuestros sitios).

Y es que en las tecnologías para sostener, la empresa grande tiene ventaja. Su tamaño le permite desarrollarla rápido aun si va tarde. Recuerde a Explorer y Netscape. ¿Se acuerda de Netscape? Inventó la industria de los “browsers” y Microsoft terminó borrándolo del mapa.

Pero con las TD, las prácticas gerenciales del líder operan en su contra. Invertir en ellas no es una decisión racional:

* No mejoran el desempeño de productos actuales.

* Tienen márgenes pequeños y van a mercados minúsculos.

* Los clientes actuales no necesitan los nuevos productos.

Hay muchos ejemplos de TD que han tumbado a gigantes. Piense en Sears, Kodak, Nokia, las tiendas británicas de discos HMV, Research in Motion (Blackberry), las motocicletas japonesas y hasta el cambio del carruaje al auto o de trenes a aviones.

Aparte de las razones industriales citadas por Christensen, el aferrarse al pasado también se puede explicar por las trampas de la mente.

“El compromiso a un curso de acción está profundamente enraizado en la mente humana”, explican Freek Vermeulen y Niro Sivanathan en el Harvard Business Review.

Los profesores del London Business School hacen referencia a los sesgos cognitivos que ya hemos tratado aquí (relea No se Equivoque al Pensar) y específicamente advierten sobre 6:

1. Falacia del costo erogado. Tras haber invertido tiempo y dinero, completar un proyecto se vuelve el objetivo aunque ya no tenga sentido realizarlo por algún cambio en el entorno.

2. Aversión a las pérdidas. Relea Las Trampas de la Mente.

3. Ilusión de control. Sobreestimar lo que se puede influir para definir el futuro. Creerse más fregón de lo que realmente se es.

4. Preferencia a completar la tarea. Prima hermana de la 1.

5. Ignorancia pluralística. El fenómeno grupal de no expresar opiniones contrarias por creer que todos están de acuerdo. El peligrosísimo “groupthink”. Relea ¡No se Meta al Búnker!).

6. Defender la identidad personal. Asociar al curso de acción con el estatus social u organizacional.

Vermeulen y Sivanathan sugieren prácticas para vacunarse contra la nostalgia irracional (término mío):

* Definir con precisión la forma como se deben de tomar decisiones estratégicas. Factores, personas y procesos.

* Proteger a disidentes (¡claro!). 3 métodos: teniendo canales anónimos de retroalimentación, creando equipos más grandes y fomentando la diversidad (áreas, experiencia, edad, etc.).

* Considerar formalmente alternativas. Con detalle y a través del tiempo. Sobre todo ante cambios.

* Separar promoción del proyecto de su ejecución. Al revisar progreso en sus distintas etapas.

* Vacunarse contra un fracaso futuro. Con técnicas como el premortem. Relea Adelantando el Epitafio.

Son Muy buenos conceptos. Apúntelos. Renovar la ilusión de una organización que envejece por algún cambio disruptivo no se dará por casualidad, sino por un esfuerzo sistematizado.

En pocas palabras: “La muerte no es la pérdida más grande de la vida. La pérdida más grande de la vida es lo que muere en nosotros mientras vivimos”, Norman Cousins, escritor norteamericano.
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