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Cristina Orozco
Cristina Orozco
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10 Junio 2017 04:08:00
Notorio (proceso)  fracaso electoral
Hace una semana escribí que en estas próximas elecciones veríamos de qué mal cojeamos los coahuilenses: del mal de la corrupción dentro del proceso electoral o del mal de la apatía ciudadana electoral. Sobra decir que cojeamos de un proceso electoral manoseado, torpe y mal intencionado; el Instituto Electoral Coahuilense, IEC, intenta favorecer al Gobierno actual violentando precisamente aquello que se le encomendó: salvaguardar la democracia. Su responsabilidad no debe quedar en el simple despido de los consejeros y su consejera Presidente, deben ser sancionados, pues hubo traición a la soberanía ciudadana.

El 4 de junio fue el día anhelado para elegir a nuestros gobernantes y salimos entusiastas, mujeres, hombres, adultos mayores y jóvenes, acompañados de familiares, haciendo fiesta de este ejercicio electoral de nuestro derecho y obligación cívico: votar. Y para qué si en estas elecciones el PRI tenía la consigna de ganar por las buenas o ganar a como diera lugar… pues, en Coahuila, el reclamo ciudadano contra fraudes y malos manejos se pronuncia a toda voz, por lo cual ellos iban por las buenas y por las malas tal como lo estamos viviendo y así continuar ejerciendo el poder absoluto e ininterrumpido.

Todo parece indicar que fue un plan con maña elaborado por el Gobernador cuando impuso a Miguel Riquelme Solís como candidato a gobernar Coahuila y quien, en mala y oscura hora nos representará y dispondrá a su antojo del monopolio en la distribución del pastel económico estatal. Seguramente, su mérito radica en lanzar curvas, pura maña, como ningún otro, por lo mucho que debe encubrir a este Gobierno. ¿Pecaron de ingenuos los candidatos al no unir fuerzas en tiempo para cambiar la historia de Coahuila? ¿O será que nuestras leyes tienen la fragilidad de los buñuelos para quebrantarlas a capricho de cualquier mandamás?

En la marcha Frente por un Coahuila Digno constaté que los coahuilenses no nos quedaremos secuestrados o socavados en este karma gubernamental por 18 años, lamentando el tiempo que vivimos aquí. Esta raza coahuilense, a pesar de haber padecido años de violencia, corrupción e impunidad, tiene agallas y que, aun siendo pacíficos, amigables y optimistas, sabrá dar la batalla.

Durante la marcha, un paso mediaba entre persona y persona. Ya en la Plaza de Armas, mirando de frente a nuestra casa, al Palacio de Gobierno, hombro con hombro, codo con codo, convivimos cerca de 100 mil personas con un propósito definido: manifestar la defensa de nuestra voz, soberanía personal, democracia, nuestro derecho a un sufragio, a una elección..., al voto limpio y legal. Con frases cantadas en unísono: “¡Entiende, Riquelme, Coahuila no te quiere!”, “¡Fuera Moreira!”, “¡Muera el PRI, muera el PRI!” “¡El pueblo unido, jamás será vencido!” ¡O anulamos la elección o nos dejan sin calzón! Entre otras ingeniosas rimas, y cantando nuestro Himno Nacional se sintió, incluso con el calor de la tarde, un aire fresco de justicia social.

La consejera presidente del IEC afirma lo siguiente en Revista Proceso y otros medios:

“Aquí no vemos las condiciones porque no se ha quebrantado tampoco el principio de certeza, fuimos un órgano electoral muy responsable al salir a decir que no había resultados contundentes porque no teníamos los datos para proclamar un ganador el domingo. Hemos actuado con mucha responsabilidad, también procedimos prácticamente al recuento total de los votos y de las casillas. Estoy consciente que hubo situaciones relacionadas con el llenado de las actas de escrutinio y cómputo, pero tenemos los votos y lo que estamos haciendo es computarlos y contar voto por voto y paquete por paquete”.

Cuando un proceso se lleva con justicia, se nota; y cuando no, también. Es una garantía constitucional y una obligación que cualquier autoridad actúe con imparcialidad en los procedimientos que realiza y otorgue, en igualdad de circunstancias, la myisma oportunidad a las partes implicadas en aras de hacer efectiva justicia al aplicar las normas jurídicas a casos concretos, pues la naturaleza del debido proceso es respetar todas las formalidades para quienes intervinieron, y aquí hubo mucha mano negra.

En estas elecciones no hubo certeza jurídica, no se hicieron las cosas conforme a la Ley. El IEC no puede ahora asegurar que no existen razones para dudar; sencillamente, ellos no son de fiar.

El proceso electoral es perfecto, pero la elección en Coahuila fracasó.
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