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David Boone de la Garza
David Boone de la Garza
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07 Agosto 2017 04:00:00
Nuestras acciones determinan nuestros pensamientos, y no al revés
Lo que comúnmente se conoce como “terapia ocupacional” (tratamiento que consiste en estar ocupado haciendo algo) funciona. Y no sólo eso. Es la auténtica causante de la trasformación de los pensamientos y sentimientos cotidianos, de la generación de las ideas y hasta de la evolución del cerebro.

“Hoy sabemos que, cuando no hay movimiento, no hay opción para la acción”, así concluye Eduardo Punset su amplia explicación sobre por qué es más importante el movimiento que el pensamiento. Por lo general, las personas creen lo contrario.

La domesticación y el adoctrinamiento, algunas veces hasta salvaje, al que ha sido autosometida la humanidad desde sus orígenes (“es así porque es así y punto”), generación tras generación han arraigado, entre otros millones de ideas, la de que son los pensamientos los que determinan las acciones. Pues no, de acuerdo con Punset, esto no es así.

“Solemos creer que el cerebro controla nuestras acciones. De hecho… el cerebro está diseñado para la acción. (Pero) En realidad es la experiencia quien lo hace cambiar continuamente”, advierte este autor. A modo de ejemplo, recuerda que al caminar las personas no se van deteniendo a reflexionar cuál pierna deben mover primero, cuál después y cómo hacerlo, sino piensan sólo en un objetivo: llegar a cierto lugar. Es como si cada parte del cuerpo tuviera su propia memoria, para lo cual no prescinden del cerebro, sino que incluso lo apoyan. “Cuando controlamos la acción, nos centramos en cumplir la misión obviando el cómo”, precisa.

A partir de argumentos científicos, ejemplos y de la experiencia, Eduardo Punset da cuenta de cómo el movimiento creó el cerebro y de qué forma hizo más humanos a los humanos. Detalla que el cerebro humano evolucionó, más que el de cualquier otra especie, gracias al movimiento y a la acción.

A lo largo de varios millones de años, el ser humano fue innovando en la práctica para realizar nuevas funciones, desde las más básicas, como caminar erguido y comunicarse de forma cada vez más sofisticada, hasta las más complejas, como manipular el entorno y fabricar cosas, utensilios y herramientas para sobrevivir. “Esta cascada de innovaciones llevó apareada un enorme y acelerado desarrollo del cerebro”, puntualiza.

Esta teoría es muy valiosa porque acredita la creencia de que las personas son, por principio de cuentas, lo que hacen y no lo que piensan o sienten. Y no sólo eso. Dar por hecho que son las acciones las que determinan los pensamientos, y no al revés, se traduce en la posibilidad real de cambiar los pensamientos, cuando estos son inadecuados, inconvenientes o insanos, a partir de ponerse en movimiento, de hacer cosas.

Es decir, es una realidad que los humanos pueden cambiar, y de hecho lo hacen (sólo que en ocasiones no se percatan de ello), ideas y, en efecto, emociones y sentimientos, mediante la realización de acciones. Entonces, si se quiere cambiar un concepto o pensamiento, basta con que se emprendan nuevas, diferentes y más experiencias. ¿Cómo cuáles? Aquellas que generen en cada quien inquietudes, emociones e incentivos, y, claro está, que no dañen a nadie.

En este mismo sentido, de acuerdo con Daniel Goleman, experto en inteligencia emocional, es posible equilibrar y hasta llegar a transformar el temperamento de las personas, el cual, según el psicólogo experimental Jerome Kagan -citado por el mismo Goleman-, puede ser de cuatro tipos: tímido, audaz, optimista y melancólico. Tal posibilidad se debe a que el cerebro es flexible (posee plasticidad) y su flexibilidad puede ser aprovechada en favor del sujeto para, a través de terapia y, siguiendo la idea de Punset, por medio del movimiento constante, permitirle, por ejemplo, experimentar menores grados de insatisfacción y ansiedad, lo que se traduce, sin duda, en mayor calidad de vida.

Hacer que las cosas sucedan, pasar del pensamiento a la realidad, comenzar un plan de la acción y aplicarse de inmediato, no sólo constituyen actos de congruencia, de correspondencia. Más que eso, son el único camino para superar situaciones, para ir de la preparación al desarrollo y al crecimiento, y de la determinación de objetivos a su concreción y a alcanzar éxitos.

Por siglos el ser humano lo ha sabido, pero no ha entendido lo que esto realmente significa. Por esa razón Punset afirma que, como humanidad, “por ahora nos encontramos un poco estancados… Hoy formamos parte de una especie acomodada y perezosa en términos de movimiento”. La única forma para salir de esa pereza mental y continuar evolucionando es ponernos realmente en movimiento. Un hacer diferente para lograr un pensar y un sentir diferente.
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