×
Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
ver +
Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

" Comentar Imprimir
26 Marzo 2018 04:00:00
Nuevo aeropuerto
“Viajar en avión nos recuerda quiénes
somos”. / Don DeLillo

Ciertos temas deben ser resueltos por especialistas. Es mejor que una operación del corazón la realice un cardiocirujano y no un plomero, o que un puente lo construya un ingeniero en vez de un político. Esto no significa que los especialistas no puedan cometer errores o ser cuestionados, pero aun así es mejor que los expertos tomen las decisiones.

La discusión sobre el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México viene de décadas. Si bien Tizayuca, Hidalgo, fue considerada como posible ubicación, Texcoco, pese a no ser perfecto, ha sido el lugar preferido por los especialistas. Por eso se aprobó el proyecto en esa ubicación durante el sexenio de Vicente Fox y se ratificó en el de Enrique Peña Nieto.

Mitre Corporation, una consultora estadunidense sin fines de lucro que cuenta con una unidad especializada en aeropuertos y tráfico aéreo, ha recomendado Texcoco de manera sistemática. En su momento señaló que colocar el nuevo aeropuerto en Tizayuca obligaría a mudar la base aérea de Santa Lucía a una nueva ubicación.

Andrés Manuel López Obrador se ha opuesto públicamente al aeropuerto de Texcoco desde que era jefe de Gobierno de la Ciudad de México. En ese entonces favorecía Tizayuca con el argumento de que la ciudad no debía expandirse hacia el oriente. Hoy defiende ampliar la base de Santa Lucía y usarla como instalación civil, manteniendo la operación del actual aeropuerto. López Obrador no ha dicho a dónde mudaría la base aérea o si esta tendría que convivir con operaciones
comerciales.

Según Bernardo Lisker, director del Centro para el Desarrollo de Sistemas Avanzados de Mitre, esta opción no es viable porque provocaría interferencias en el flujo aéreo. Los vuelos no serían imposibles, pero sí se reduciría la capacidad de operación.

López Obrador prometió primero cancelar la construcción ya avanzada del nuevo aeropuerto. Ahora ha ofrecido hacer una mesa de análisis. Javier Jiménez Espriú, un ingeniero respetado de 81 años, seleccionado por Andrés Manuel como su secretario de comunicaciones y transportes, sostiene que Texcoco es el peor lugar para el nuevo aeropuerto. La Cámara Nacional de Aerotransportes (Canaero), en cambio, rechaza siquiera una mesa de análisis porque el proyecto ya ha sido estudiado por los verdaderos especialistas y su cancelación tendría consecuencias desastrosas para la aviación y para el país.

López Obrador dice que el nuevo aeropuerto es muy caro, pero en realidad el proyecto está siendo pagado con el derecho de uso del actual aeropuerto y no requerirá de fondos públicos. La cancelación, en cambio, provocaría pérdidas de decenas de miles de millones de pesos a las empresas que están construyendo o han financiado los trabajos. Apenas este viernes 23 se colocaron en bolsa certificados por 30 mil millones de pesos para el proyecto (Fibra E).

La información disponible sugiere que cancelar el proyecto sería no solamente muy costoso, sino que además representaría un fuerte golpe al desarrollo nacional. Aun cuando tener dos aeropuertos fuera técnicamente viable, estos dos no podrían convertirse en un centro de conexión internacional como el de Tocumen, que ha permitido a Panamá generar miles de empleos.

López Obrador tendría que demostrar que el proyecto de Santa Lucía es muy superior al de Texcoco para cancelar una obra tan avanzada y avalada por especialistas internacionales. Hay que estar abiertos a escuchar todo argumento sensato, pero hasta ahora me parece que el aeropuerto de Texcoco debe continuar.

Virtud y defecto

La mayor virtud de Andrés Manuel es, me parece, su honestidad personal. Su peor defecto, la resistencia a aceptar argumentos razonables cuando no cuadran con sus ideas preconcebidas. Un buen Presidente sabe escuchar más que mandar.
Imprimir
COMENTARIOS



3 4 5 6 7 8 9 0