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Armando Fuentes Aguirre
Armando Fuentes Aguirre
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Es un escritor y periodista nacido el 8 de julio de 1938 en Saltillo, Coahuila, México, siendo hijo de Mariano Fuentes Flores y Carmen Aguirre de Fuentes. Es famoso por su humor, el que ha plasmado en su obra escrita. A los quince años de edad obtiene la licencia de locutor de radio. Abogado por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, es maestro en Lengua y Literatura, así como maestro en Pedagogía, por la Escuela Normal Superior de Coahuila.

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01 Abril 2011 04:10:23
Obsesión
Lord Drago le contó a un amigo: “Sorprendí a mi esposa con un negligé de encaje transparente, medias negras de malla, y una brevísima tanguita roja”. Pregunta el amigo, interesado: “¿De veras se sorprendió?”. “Sí -confirma lord Drago-. Nunca me había visto luciendo esas prendas”. En el club nudista dos tipos observaban con golosa mirada a una nueva socia, lindísima muchacha dueña de muníficos atributos pectorales. “¡Qué bárbara! -exclamó uno de los sujetos-. ¿Cómo se verá con un suetercito ajustado?”. Avaricio Matatías, hombre ruin y cicatero, tuvo un extraño gesto amable, y le dijo un cumplido a su mujer: “Te ves igual que el día que te conocí, hace 30 años”. “No me sorprende que me veas igual -respondió con tono hosco la señora-. Traigo el mismo vestido”.

El maduro funcionario llamó a su esposa por teléfono. Le dijo: “A la noche voy a tener una elección”. Responde ansiosamente la señora: “¡Te esperaré en la recámara, ya lista!”. Aclara mohíno el funcionario: “Dije ‘elección’”. (No le entendí). Felipe Calderón gobierna al PAN, y en los ratitos que le quedan libres gobierna un poco a México. El Presidente parece estar poseído por una obsesión: Impedir a toda costa que el PRI vuelva al poder. Yo tengo para mí que Calderón preferiría ver sentado en la silla presidencial al mismísimo López Obrador, su acérrimo enemigo, antes que entregarle la banda presidencial a Peña Nieto.

Los tejemanejes que se hacen en Los Pinos para estorbar el regreso priísta dan lugar a curiosísimos sainetes, como ése de la reunión en que don Felipe solicitó a los suyos apoyar la coalición PAN-PRD en el Estado de México, según narró con paladina sinceridad una de las asistentes a la junta, sólo para que en seguida un personero de la Presidencia saliera a negar, en el más puro estilo de la administración foxista, que Calderón dijo lo que se dijo que dijo. No todo es comedia, sin embargo. En las entidades donde habrá elección de gobernador se están haciendo movimientos para colocar en la delegación local de algunas secretarías a elementos duchos en manipuleos electorales que puedan fortalecer al partido oficial -el PAN- frente a los candidatos opositores. Por encima de los partidos, sin embargo, está el interés de la nación. Y ese interés reclama que el ejercicio democrático se imponga sobre cualquier voluntad particular. En sus afanes por impedir que el PRI regrese, el Presidente Calderón actúa como los presidentes priistas del pasado, que eran al mismo tiempo presidentes de la República y de su partido. Ciertamente es muy grande la tentación de intervenir en el proceso electoral, pero don Felipe debe reconocer que su margen de maniobra es sumamente limitado. Le convendría más dedicarse a sus tareas de gobierno, en vez de comprometerse en una tarea cuyo buen éxito se antoja muy difícil. Deje que la sucesión presidencial sea eventualmente un fracaso de su partido, pero no haga que sea -como dice la canción- su último fracaso.

¡Qué bárbaro, columnista! Tus palabras finales tuvieron una contundencia bastante contundente. No digo que conmovieron desde sus cimientos el territorio nacional, con inclusión de la plataforma continental y el zócalo submarino. Eso sería quizás exagerar un poco. Pero sí puedo asegurar que tus frases fueron lapidarias. Eso significa que por su solemne concisión merecerían ser inscritas en una lápida, si no de bronce eterno, por lo menos de mármol duradero. Ea, relata un cuentecillo final que nos devuelva el sosiego necesario para no caer en eso que los franceses llaman “surmenage”, agotamiento de espíritu y de cuerpo. En la barra de una cantina el solitario individuo compartía sus penas con el cantinero. “Trabajo en un circo -le dijo-. Me levanto a las 4 de la mañana para darles de comer a los animales. Cuando paso junto a la jaula del gorila, el maldito animal me toma entre sus membrudos brazos y me hace víctima de sus instintos. A las tres de la tarde debo darles otra vez de comer. Y el desgraciado gorila me vuelve a hacer objeto de su bestialidad. A las once de la noche debo llevar de nuevo la comida. Y otra vez el infame gorila sacia en mí sus atávicos impulsos. El resto del día trabajo en otras cosas; sólo duermo cuatro horas cada noche”. “¡Caramba, amigo! -se compadece el tabernero-. ¡Debería usted dejar esa chamba tan pesada!”. “Imposible -replica con tristeza el individuo-. Amo profundamente el circo: Su música, sus luces, su magia, sus leyendas. De mis abuelos y mis padres heredé la gloriosa tradición circense. Además el gorila ya me tiene muy malacostumbrado”. FIN.
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