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Federico Muller
Federico Muller
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28 Abril 2017 04:00:00
Oferta y demanda de tabaco
El tabaquismo es un problema de salud pública grave por los costos económicos que implica para la asistencia social. Sin embargo, en ocasiones se presentan fenómenos económicos en la sociedad que la propia oferta y demanda es insuficiente para explicarlos, pues intervienen otros factores para dilucidarlos y que son ajenos a la ciencia económica, por lo que se requiere de la ayuda de disciplinas como la sociología, la historia y la antropología, entre otras. Un ejemplo de ello es cuando suben los precios de algunos productos y la demanda, en lugar de disminuir, aumenta.

El caso de los cigarrillos. Aunque no esté en el top ten de los países que más consumen cigarrillos, México se clasifica en el decimoquinto lugar mundial, con alrededor de 49 mil millones de cigarros consumidos anualmente, según dio a conocer la Red México Sin Tabaco. Cifra nada despreciable considerando las medidas impositivas que ha seguido el Gobierno desde 2001 para intentar frenar el consumo de los cigarrillos.

Se gravan por dos vías. El Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), que pasó de 100% sobre el precio de venta de cada cajetilla de cigarros en 2001, a 160% en 2009, así como el gravamen de 35 centavos por cada cigarro (7 pesos por cajetilla con 20 cigarros). Asimismo, el consabido Impuesto al Valor Agregado (IVA).

Según algunos datos de la Encuesta Global de Tabaquismo en Adultos (EGTA), en 2015, en promedio 14 millones de personas mayores de 15 años fumaron, cantidad que no varió en gran proporción con respecto a 2009, aunque el consumo per cápita de cigarrillos sí bajó, de 9.3 en 2009 a 7.7 en 2015. Si se supone un promedio conservador de consumo de 6 cigarros por día y un precio promedio de la cajetilla de 45 pesos, el fumador gastaría por año alrededor de 4 mil 860 pesos para mantener su dependencia. Quizá lo más preocupante sea lo que señala también la EGTA: que la edad de inicio de los fumadores disminuyó, pues fueron adolescentes menores de 15 años, más susceptibles de convertirse en potenciales adictos.

La pregunta surge: si han subido los impuestos al tabaco, ¿por qué su consumo no ha caído en forma drástica? Por ser adictivo, las cigarreras han implementado estrategias novedosas que alientan el consumo principalmente entre los jóvenes y que marginan los descarnados pictogramas o no valoran los mensajes de advertencia que aparecen en las cajetillas. La variedad del producto ha sido un factor que ha inhibido el efecto fiscal, acompañado de técnicas mercadológicas innovadoras. Las investigaciones de mercado han puesto de manifiesto el gusto por la variedad de los sabores entre los consumidores jóvenes; así, encontramos sabores desde vainilla hasta fresa, que le dan un aroma distintivo al tabaco tradicional, lo que ha “enganchado” a más fumadores jóvenes.
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