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Redacción
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28 Abril 2015 04:00:29
OIT: Desempleados y mal pagados
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que el desempleo a nivel global se agudizará en los próximos cinco años al borde de provocar sendos conflictos sociales derivados de la ausencia de un trabajo digno, estable y remunerado.

De 2015 a 2019, la OIT previene que el número de parados pasará de los 201 millones de personas en enero de 2015 a poco más de 212 millones en el año 2019.
Ello se traducirá en manifestaciones negativas que serán resentidas social y económicamente hablando, pero también, recalarán en la conducta emocional de las personas por sentirse frustradas e inútiles.

El desempleo es el rostro más oscuro del actual modo de producción en medio de un capitalismo de barbarie donde prima más el poder del capitalismo financiero que el valor agregado bajo la rueca del capitalismo industrial.

Perfilados hacia la segunda década del siglo XXI duele constatar la existencia de empresarios mayoritariamente interesados en jugar en las bolsas de valores y ampliar su valor de capitalización que en sostener el ritmo del timón con los empleados subidos en el mismo barco.

Algo sucede con el código de ética de la empresa y del empresario, no muy bueno por cierto, cuando la fórmula de quitar costos implica reducir plantilla, restar prestaciones, congelar sueldos y salarios y cada año el trabajador sufre por reivindicar sus derechos.

Algunos economistas justificarán que el acertijo en el mercado laboral es cuestión de oferta y demanda, y que el problema son millones de seres humanos en edad productiva pero desempleados y dispuestos a contratarse bajo cualquier condición.

Es como recordar los tiempos de transformación de finales del siglo XIX y principios del XX cuando la Segunda Revolución Industrial introdujo nuevas técnicas de producción tanto en el campo como en las fábricas y mucha gente quedó sin empleo desplazada por la maravilla de las máquinas. Ese desplazamiento de personas productivas provocó tal presión social y económica que en algunos países el fascismo encontró su caldo de cultivo al tiempo que el comunismo se extendía para defender que el trabajador era dueño de los medios de producción.

No obstante, de aquel pasado, el aprendizaje parece no asimilarse quedándose en una anécdota naïf. Tanto desempleo no es un buen augurio para ningún país menos cuando los jóvenes son los más afectados y me atrevo, a decir, que tenemos la mejor generación de profesionistas, con tantas herramientas tecnológicas a su alcance e incluso con la capacidad de dominar más de un idioma.

El calvario de encontrar un empleo digno, estable y bien remunerado se padece por igual en Estados Unidos, que en México, Brasil, Turquía, Japón, China y no se diga en Europa o en países musulmanes donde la “primavera árabe” fue impulsada por jóvenes desempleados con la ambición de un cambio.

Los sin trabajo en España se contabilizan en 5 millones 545 mil 700 personas mientras en México, las cifras oficiales hablan de 2 millones 307 mil desempleados. Desde luego sería mucho mayor pero el inframundo de la economía de la calle es ignorado.

A COLACIÓN
Mientras se ejerce presión, gobernantes y empresarios se reprochan unos a otros la profundización del desequilibrio en el mercado laboral. Desde la óptica del gobierno la culpa es del empresario figura que debería prohijar el empleo; para el empresario, la retórica señala al gobierno de ineficaz en sus políticas para favorecer contrataciones baratas y despidos de bajo impacto en las finanzas de la empresa.

En la mitad de la pugna están los sindicatos y la incapacidad de crear escenarios que, verdaderamente, contribuyan a fomentar empleos dignos, duraderos y bien remunerados como sino fuera de lógica pura que una persona con empleo es más estable, dedica dinero a consumir, comprar, posiblemente ahorrar y quizá invertir.

Para algunos gobernantes y empresarios la respuesta inmediata radica en los minijobs, una modalidad que gana cada día más adeptos como sucede en Alemania.

¿Qué son los minijobs? En esencia: Contratos de baja remuneración con un máximo de 15 horas de trabajo a la semana, el ingreso está libre de impuestos y el trabajador mantiene algunos derechos sociales como aportaciones a su pensión, acceso a los servicios públicos de salud, bajas por maternidad, enfermedad y vacaciones.

La idea es que cualquiera pueda tener un minijob no importa la cualificación, tampoco si es el primer empleo o la reintroducción al mercado laboral pasados los 35 años.

En Europa, esta ola de “los cuatrocientos”, por los 400 euros mensuales que se paga por un minijob amaga con arrasar con muchos de los mileuristas supervivientes de la crisis y peor aún con extenderse como ejemplo de los empleos baratos hacia otros países.

@claudialunapale
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