×
Francisco Tobías
Francisco Tobías
ver +

" Comentar Imprimir
13 Septiembre 2017 04:00:00
Once años fueron suficientes
Bastaron 11 años para que el ejército insurgente pudiera acabar con casi tres siglos de dominio español en nuestro México. Conocido como la Independencia de México o la Guerra de Independencia fue un periodo que comenzó una madrugada del 16 de septiembre pero del año de 1810 cuando Miguel Hidalgo (cura de formación, revolucionario por convicción) da lo que se conoce como el “grito de dolores” y que culmina en septiembre pero de 1821 con la entrada triunfal del Ejército Trigarante encabezado por Agustín de Iturbide y Vicente Guerrero a la capital de nuestro país.

El hambre de libertad de todos los mexicanos hizo ebullición y calentó los ánimos en cada rincón, para que así, nuestros antepasados pudieran liberar a nuestro país del yugo español. La independencia de México ya era inminente; el Gobierno español nunca se había ocupado bien de la Nueva España y en ese momento era necesario un gobierno libre.

Sin embargo, a pesar de celebrarse el día 16, la Independencia de México se consumó el 28 de septiembre de 1821, que fue cuando se firmó el Acta de Independencia del Imperio Mexicano. Después del acta de Independencia, los primeros países en reconocer a nuestra nación en el ámbito internacional fueron Chile, Colombia y Perú ,quienes también en ese momento estaban alcanzando su independencia.

Al margen de todo lo que ha pasado a lo largo de la historia reciente, y de la forma en como puedan ser interpretados los hechos, y a pesar de que nuestros intelectuales presumen de encontrarse en pleno revisionismo histórico al grado que llegan a poner en duda hasta la hazaña de nuestros héroes, vale la pena pensar en lo logrado, analizar lo avanzado, lo que nos legó la Independencia y lo que obtuvo. No basta el reproche, ni sirve el conformismo, nuestra Independencia debe de servir para tratar de entendernos, para saber hasta dónde podemos ceder en las exigencias del día a día globalizado, en los contextos sociales actuales, y hasta dónde debemos ser inflexibles, porque ceder implicaría perdernos totalmente.

Celebremos con algarabía y orgullo nuestra independencia, nuestra autodeterminación, conozcamos lo que adquirimos, para no perder de vista el porqué y para qué se luchó en nuestra historia, porque dejarlo ir es renunciar a nuestros logros sociales históricos en nombre de la globalización y de la individualidad, es pensar que la exclusión de muchos es el precio a pagar por ser occidentales y modernos; recuperemos la brújula y no nos perdamos totalmente.

Celebremos pues con gusto nuestra independencia, celebremos con orgullo, con solidaridad, con nacionalismo, con empatía, pero también con prudencia porque todavía queda mucho por hacer. ¡VIVA MÉXICO!
Imprimir
COMENTARIOS



top-add