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Raymundo Riva Palacio
Raymundo Riva Palacio
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21 Junio 2018 04:08:00
Oportunismos por miedo
El conflicto irreconciliable, hasta ahora, entre los adversarios de Andrés Manuel López Obrador, está llevando a perder votos a Ricardo Anaya y a José Antonio Meade, que está cachando sin esfuerzo el candidato de Morena. Jorge Buendía, de Buendía&Laredo, hizo el ejercicio: la renuncia de Margarita Zavala a su candidatura independiente no jaló votos para Anaya, sino que los recogió López Obrador, quien subió el apoyo de las mujeres a niveles que nunca había tenido. En la región del Pacífico-Norte, enclaves panistas con olor priista, el pleito entre Anaya y Meade le restó 11 puntos al panista que se fueron al de Morena.

En todos los bastiones de la izquierda, López Obrador tiene niveles de preferencia que no tuvo en el polarizado 2006, capturando potenciales votos priistas que no quieren a Meade, pero menos a Anaya. Ya no existen las brechas de febrero en preferencia electoral, anota Buendía, ni hay divisiones importantes entre los diferentes grupos de electores. López Obrador camina firme a la Presidencia con un éxito, que se puede argumentar, le han ayudado a tener en buena parte sus adversarios.

La percepción de la victoria de López Obrador la están terminando de construir sus dos rivales, enfrentados en una lucha sin cuartel por el segundo lugar. Ese choque de trenes dividió el voto opositor al candidato de Morena y está sepultando sus campañas electorales. El encono ha generado, al mismo tiempo, una externalidad sin precedente en México, donde fuerzas políticas en bloque y candidatos en forma individual no han esperado el resultado de las urnas para empezar un realineamiento hacia Morena y López Obrador, reacomodándose para la nueva realidad que creen comenzará el 2 de julio.

Los corrimientos no son menores. El más relevante, por volumen y porque significa una ruptura total con el presidente Enrique Peña Nieto, de quien fue aliado durante más de una década, es la del Partido Verde, que está en plena metamorfosis hacia Morena. El botón de muestra es Chiapas, donde la imposición desde el Centro de que el candidato a gobernador fuera un priista y no un verde, el partido que actualmente gobierna la entidad y que tiene más votos que el PRI, llevó a que el gobernador Manuel Velasco, compadre de Peña Nieto, rompiera la coalición y estableciera una alianza tácita con Morena. Los verdes están trabajando por Morena en Chiapas y preparan el desembarque en ese partido cuando se definan las bancadas parlamentarias, sumándose a la mayoría en el Congreso que anticipan tendrá.

En los cálculos de los estrategas, la mayoría de perredistas que lleguen a las cámaras, brincarán a la bancada de Morena, pero también consideran sucederá con diputados y senadores del PRI y del PAN. Incluso, los estrategas de Morena y observadores independientes tienen identificado no sólo el número de cuántos priistas y panistas saltarían al partido de López Obrador, sino incluso, los probables nombres de quiénes serían. En paralelo a estos movimientos, los contactos de varios gobernadores o candidatos a esos cargos o familiares de aspirantes a gubernaturas, han tocado la puerta de los estrategas y operadores de López Obrador y la candidata de Morena a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, para explorar las condiciones en las cuales podría darse un acercamiento con quien perciben será el nuevo partido hegemónico en el país.

Hay muchos nervios ante la posibilidad de un tsunami electoral, acelerados por los resultados de la reciente encuesta electoral realizada para la Coparmex, donde se ve la prominencia de López Obrador, pero un Congreso donde nadie tendrá la mayoría. La encuesta de Coparmex da a Morena la posibilidad de ganar alrededor de 191 diputados, convirtiéndola en la primera minoría, seguida del PAN con aproximadamente 125, el PRI con 94, el PRD con 24, seguido muy de cerca del PT –coaligado a Morena– con 22, y el Partido Verde con 13. Con esos resultados, los verdes pasarían a ser la sexta fuerza, debajo de Movimiento Ciudadano, en alianza con el PAN y el PRD, que terminaría con alrededor de 17.

El Partido Verde es el mejor caso para ejemplificar el corrimiento, ante la posibilidad de perder el registro o seguir diluyéndose. El realineamiento con Morena en Chiapas destruirá al partido como tal, pero con su separación del PRI buscan mantener los votos para alcanzar el 3% de su registro. Su disminución como fuerza electoral no es lo que más les preocupa, sino poder sobrevivir la elección del 1 de julio y mantener las prerrogativas federales como partido.

Ese corrimiento estratégico fue realizado con anterioridad por Encuentro Social, que decidió jugar con López Obrador y Morena, rompiendo con el PRI, y cuya apuesta podría darles alrededor de seis curules y una Gubernatura, Morelos. Con los números actuales de preferencia electoral de López Obrador –40% en la encuesta de Coparmex–, Encuentro Social no alcanzaría ningún senador, en una cámara donde Morena, el PAN y el PRI, que se estima tendrían alrededor de 60, 40 y 22%, respectivamente, serían las fuerzas predominantes.

El realineamiento que están anticipando partidos como el Verde y el PRD, o candidatos individuales de otras fuerzas, sugiere un miedo a lo desconocido, el posible advenimiento de López Obrador. Lo insólito es qué tanto temerán a qué tantas variables, que prefieren entregarse ya, a esperar, como dictaría la lógica política, a ver cómo queda la composición de fuerzas en las cámaras, donde los votos de los partidos valdrían más. Barato le está saliendo a López Obrador esta ola que apesta a miedos, culpas y pesadillas.
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