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Carlos Gutiérrez Montenegro
Carlos Gutiérrez Montenegro
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Psicólogo, Maestro en Enseñanza Superior por la Universidad Autónoma de Nuevo León, actualmente desarrolla su campo en la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Saltillo, como coordinador de investigación; en el Centro de Asesorías, A.C. como psicoterapeuta psicoanalítico; Asesor técnico del Centro de Investigaciones Psicopedagógicas, de la Dirección de Educación Especial de la Secretaría de Educación y Cultura del Gobierno de Coahuila; Productor de contenido del programa “De Frente” y editorialista del canal 7 RCG de televisión, además de articulista del periódico “Zócalo” de Saltillo. Algunos de sus escritos e investigaciones son: "PSICOANALISIS Y SOCIEDAD", publicado por la Universidad Veracruzana en 1982, el 'ESQUEMA DE LA PUBLICIDAD', también publicada por la Universidad Veracruzana en 1984, la 'ESCUELA PARA PADRES", publicada por la Secretaría de Educación Pública de Coahuila y el Instituto de Servicios Educativos del Estado de Coahuila, en 1993 (primera edición) y en 1994 (segunda edición). Además, la investigación llamada ‘ESTUDIO EXPLORATORIO Y PROSPECTIVA DEL PROGRAMA MECED EN EL ESTADO DE COAHUILA’, realizada en una colaboración conjunta de la UPN con el DIF Estatal y la Secretaría de Educación Publica de Coahuila y la investigación “ESTUDIO DE LAS CONDICIONES DETERMINANTES DE LA REPROBACIÓN EN LA UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE COAHUILA”, de reciente publicación.

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28 Marzo 2017 03:00:00
Orar por el abusador
“‘Me la hiciste, ¡me la pagarás!’. ¿Esto es cristiano? No. Me la pagarás no entra en el lenguaje de un cristiano. Ninguna venganza. Ningún rencor (…) el camino del perdón, olvida las ofensas (…) Sugiero: tomar un momento, hablar con Dios Padre… aquel es tu hijo, aquella es tu hija, cámbiale el corazón, bendícelo, bendícela esto se llama orar por los que no nos desean lo bueno, orar por los enemigos… Reza, reza para que el Señor le cambie la vida. La oración es un antídoto contra el odio, contra las guerras, estas guerras que comienzan en casa. Oren para que se hagan las paces (…) la oración es poderosa… la oración vence el mal, la oración trae la paz”. Esto lo dijo Francisco y lo transmitió El Observador de la Actualidad el 20 de febrero de este año. Y en verdad es un discurso muy edificante, en la mejor tradición del cristianismo.

¿Y qué deben hacer los seminaristas y exseminaristas de los que el padre Juan Manuel Riojas Martínez presuntamente abusó sexualmente a lo largo de su estancia dentro del Seminario menor de Piedras Negras? Dos de ellos están dispuestos a declarar los hechos, pero potencialmente más de 36, que a decir de uno de los demandantes, abandonaron el seminario a consecuencia de las actitudes del padre Mencho, de Juan Manuel Riojas Martínez. Y lo peor es que también a decir de uno de los presuntos abusados, el obispo Alonso Gerardo Garza Treviño tuvo oportuno conocimiento del abuso, pero decidió trasladar al seminarista a un convento en Guanajuato, de la congregación carmelita, en lugar de detener de alguna manera, ya sea eclesiástica o judicialmente, al sacerdote. Pero la más reciente denuncia sí obligó a la Diócesis de Piedras Negras a poner su parte en la acción judicial, porque ya no le es tan fácil ocultar las acciones pederastas de los miembros de su iglesia. La sociedad civil está despertando y no tolera tan fácilmente esos tremendos abusos que las instituciones eclesiales estaban acostumbradas a cometer.

¿Y qué es lo que deben hacer esos dos, esos 34 seminaristas potencialmente abusados por el depredador enfundado en una sotana? No buscar venganza. No tenerle rencor. Pero la búsqueda de justicia obtenida mediante las instituciones humanas que se encargan de ello no es venganza. Y si bien ellos deben perdonar para descansar, para su propio equilibrio interno, no deben dejar la denuncia a un lado porque eso querrá decir que el depredador quedaría libre para seguir devastando, lastimando cubierto con sus ropajes de hombre santo. Guía espiritual se asumía Mencho y es una buena estrategia para confundir no solamente a la víctima, sino a la familia que debería protegerla. Pero si esas víctimas, si sus familias y la comunidad olvidan las ofensas nunca aprenderá del error cometido al confiar a sus hijos a una institución milenaria que en todo el mundo ha cometido abusos, precisamente porque se ha confiado irrestrictamente en su bondad.

Y claro que hablando con Dios Padre debe uno pedir que al padre Mencho le cambie el corazón, que deje de albergar en sus entrañas esos deseos hacia los niños, pero tal vez no sea la fuerza de la oración quien lo detenga, quien arranque de sí sus deseos pedófilos, quien frene sus acciones pederastas. Tendrá que ser la justicia, la ciencia, la psicoterapia, la farmacoterapia, un equipo de especialistas y mucho tiempo, lo que le ayudará a resolver esos deseos, irrefrenables ahora.

Yo no dudo que la oración sea poderosa, que traiga la paz, porque como ya lo demostró el psicólogo y fisiólogo Michael Persinger, de la Universidad Laurentiana de Sudbury, estimulando los lóbulos parietales y temporales del cerebro que hiperactivan las informaciones sensoriales, motoras y espaciales mediante la oración y la parafernalia que se utiliza en la realización de los actos religiosos, incluyendo la solemnidad, las dimensiones de los templos, el incienso y la actitud de los feligreses, detiene la censura ejercida por el hipocampo sobre la información que se queda y la que se olvida y facilita las alucinaciones místicas que dan certeza sobre las verdades religiosas.

Pero si de esta manera la oración trae la paz, interna solamente, no vence al mal, porque orar por los enemigos, por los pedófilos, no los detiene ni los hace recapacitar. En el mundo de la realidad la manera de detenerlos es denunciándolos, siguiendo la línea de cero tolerancia y abandonando su encubrimiento, al que tan acostumbrados han estado las autoridades religiosas.
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