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Xavier Díez de Urdanivia
Xavier Díez de Urdanivia
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Xavier Díez de Urdanivia es abogado (por la Escuela Libre de Derecho) Maestro en Administración Pública (por la Universidad Iberoamericana) y Doctor en Derecho (por la Universidad Complutense, Madrid). Ha ejercido diversas funciones públicas, entre las que destacan la de Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Coahuila, del que fue Presidente entre 1996 y 1999, y Abogado General de Pemex. Ha publicado varios libros y muy diversos artículos en las materias que constituyen su línea de investigación, e impartido conferencias, seminarios y cursos sobre las mismas. Actualmente es profesor de tiempo completo en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, donde imparte cátedra e investiga en materia de Derecho Constitucional, Teoría y Filosofía del Derecho y Teoría Política. También es colaborador de la página editorial de Zócalo y de Cuatro Columnas (de la Ciudad de Puebla), y lo ha sido del Sol del Norte y El Diario de Coahuila, así como de los noticieros del Canal 7 de televisión de Saltillo, Coah.

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22 Julio 2018 04:00:00
Orígenes del vendaval
Pero a mi juicio todo eso es insuficiente para explicar a satisfacción el fenómeno que presenciamos y sus dimensiones.

Tip O’Neal, ese legendario político que durante décadas presidió la cámara de representantes en los Estados Unidos, narraba que su primera elección, en la que participó muy joven, la había perdido.

Cuando, abatido por ello, regresaba a su casa al final de la jornada, su vecina de toda la vida le preguntó por el resultado. Cuándo lo supo, le preguntó si creía que había votado ella por él, a lo que O’Neal respondió que estaba seguro de que así había sido.

Ella volvió a preguntar “¿por qué estás tan seguro?”, O’Neal respondió, palabras más, palabras menos, que lo daba por descontado porque lo conocía desde niño, porque él podaba su pasto, le entregaba el periódico y, en fin, eran casi familia.

Se sorprendió cuando la ilustre señora le informó que su voto no lo favoreció. El sorprendido fue entonces O’Neal, quien preguntó “¿Por qué?”, ella contestó: “porque nunca me lo pediste”.

Cuenta O’Neal que desde entonces, en cada campaña –y no volvió a perder ninguna– se levantaba temprano para estar en las fábricas, se paraba en la puerta y a cada trabajador que llegaba, antes de entrar lo saludaba y le decía que esperaba su voto. El resto del día hacía lo mismo con quien se podía.

Viene al caso porque, en un país donde prácticamente la mitad de sus habitantes vive en estado de pobreza y agobiado por sus carencias, ¿es extraño que se volcara esa multitud a las urnas, depositando su voto en favor del candidato que había ido hasta ellos pidiendo su voto y ofreciéndoles la esperanza de aliviar sus cargas diciéndoles “primero los pobres”?

Cuando los ciudadanos y ciudadanas fueron convertidos en masa y la escueta función que se les asignó por los partidos fue clientelar, sobre todo en vista de las elecciones, se instauró la cortesanía en el sitio que la política y la virtud cívica tenían reservado.

El camino de los valores, inútiles ya como instrumento de ascenso, se ausentaron del mundo pragmático regido por la lógica de la utilidad, especialmente cuando se entronizó al mercado y esa “utilidad” se metalizó descaradamente.

Pero la democracia, hay que decirlo hasta el cansancio, es más que elecciones. En realidad empieza después de ellas, cuando se convierte en gobierno, ejercido por los poderes instituidos.

Es verdad que el momento que se vive implica incertidumbres y explicables temores, como siempre los hay frente a los cambios. Habrá que estar atentos para evitar que la función de gobierno se convierta en una “tiranía de las mayorías”, tan nociva como cualquier otra, especialmente cuando es relativa.

Mucho habrá que cuidar la transparencia, para asegurar congruencia y legitimidad en la función de gobernar.
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