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Cristina Orozco
Cristina Orozco
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14 Octubre 2017 02:04:00
Paco de la Peña
Paco de la Peña es el nombre propio de persona que se grabó en mi memoria por hábito de escucharlo y pronunciarlo junto como si fuera un solo nombre. No era Paco ni Francisco ni Pancho. Es completo: Paco de la Peña.

Paco de la Peña era un señor alto, delgado, serio y formal. Yo no lo traté, cruzamos algunas palabras y nos saludamos por coincidencia, como cuando llamaba a mi casa buscando a su amigo Roberto; cuando pasaba por él a la casa y, de casualidad, yo abría la puerta y lo invitaba a entrar; cuando entregaba en su casa una invitación o nueces como regalo de Navidad; o cuando él llevaba una caja de deliciosas manzanas a la casa. Otras veces, al contestar el teléfono, él estaba del otro lado de la línea, cuando todavía se usaba llamar a las casas para hablar con personas. Paco de la Peña fue el amigo de mi papá con quien él
conversaba.

Paco de la Peña sabía que yo era una de las hijas de Roberto, fue muy amable conmigo y, me ayudó con alguna publicación. Su amistad con mi papá no fue de simple cordialidad, compañerismo o tratos de negocios, tampoco se condicionó a puestos políticos. Ellos se apreciaban y frecuentaban como lo hacen los amigos que se buscan regularmente, para pasar el rato, charlar, comer, reír…

Hoy, parece haber poco de eso. La amistad depende más de los buenos enlaces a las redes sociales que al deseo de ver y saber cómo están los amigos. En vez de visitar o llamar al amigo en su cumpleaños, en Navidad o en la enfermedad, se envían por medio de internet, felicitaciones, pasteles, canciones, globos, caritas, monitos fotos, pensamientos, condolencias, abrazos, aplausos, oraciones; chistes buenos, malos, rojos; videos y múltiples deseos virtuales, Haciendo esto se sienten que están cerca y cumplen con la persona. En estos tiempos las amistades concluyen por falta de saldo, por la mala conexión del Wifi, por cambiar de aparato de teléfono y por no manifestarse, aunque sea virtualmente.

Este nunca fue el caso entre Roberto Orozco y Paco de la Peña. Dije antes, que no conocí a Paco de la Peña, pero sí comprendí y observé la calidad de su amistad, buena y leal. Paco de la Peña nunca faltó a la cita semanal que tenía con su querido amigo Roberto.

Alto, serio y formal, pasaba por Roberto y se iban a dar la vuelta en su camioneta; con el tiempo, no fue conveniente salir, en vez de eso , se tomaban el café en la terraza de la casa y así, se pasaban las horas también con el tiempo, hablaban un poco menos, comentaban trivialidades del clima y una que otra cosa; con el tiempo, ambos sentados en el sillón dormitaron viendo la televisión; con el tiempo, Paco de la Peña lo acompañó mientras dormía; con el tiempo, estuvo horas sentado esperando para poder saludarlo y, en ocasiones, se iba cabizbajo sin haberlo logrado, hasta que, con el tiempo, el implacable tiempo, tuvo que decirle a su amigo: “hasta luego.”

El 2 de julio, cumpleaños de mi papá, Paco de la Peña, llamó por teléfono a mi mamá. Habló para decirle que recordaba y extrañaba mucho a su amigo Roberto.

Esta semana Paco de la Peña y Roberto Orozco Melo se pusieron al tanto de los asuntos y estarán un buen rato por la eternidad conversando.
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