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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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21 Enero 2017 03:00:00
País a la deriva
Si el colmo de la mala suerte es que alguien ponga un circo y le crezcan los enanos, al presidente Peña Nieto, a quien todo le ha salido mal, le sucedió lo contrario: él y su Gabinete encogieron casi al punto de desaparecer, de volverse invisibles. México navega sin piloto y sin tripulación. Cada quien hace su juego. La prioridad no consiste en resolver problemas, sino en ganar la carrera presidencial de 2018. Mientras tanto, la economía se desploma con el mismo vértigo con que la ira social crece por la corrupción, la carestía, los malos gobiernos, la violencia, los secuestros.

El enfado nacional se expresa en dos palabras: “Fuera Peña”; y en tres en el ámbito local: “Fuera los Moreira”. Vencer el miedo es el primer paso hacia la libertad. Peña es un presidente asediado y repudiado. Su estilo de gobernar –medroso, frívolo, desapegado, indiferente, contradictorio– le hizo perder el respeto de la mayoría de los mexicanos. Jamás un jefe de Estado había sido tan escarnecido. No sólo en las redes sociales. En la plaza pública, en las charlas familiares, en el transporte, en el cotilleo diario, Peña es objeto de burla.

Del efímero prestigio internacional de Peña por las reformas, sobrevendidas dentro y fuera del país, hoy no quedan ni cenizas. Del “momento mexicano” pasamos al peor de los mundos posibles: sin petróleo –otrora orgullo y símbolo de identidad nacional–, con un Pemex privatizado en áreas estratégicas, sobreendeudados y con grados de corrupción que provocan náusea entre los mexicanos y vergüenza en el extranjero. Y por si no bastara, con un presidente de Estados Unidos (Donald Trump) tozudo, dispuesto a recuperar la grandeza de su país a costa de otros.

El candidato que no pudo citar tres lecturas en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. El aspirante que prefirió esconderse en los baños de la Universidad Iberoamericana en lugar de confrontar a quienes lo increpaban. El presidente que pidió “superar” la desaparición de los 43 jóvenes de la Normal de Ayotzinapa y ocultar la verdad sin importar los costos, podría ser el primero en ser juzgado en una corte internacional por crímenes de lesa humanidad.

Peña fue dejado solo antes de tiempo. El primero en abandonarse fue él. Después lo hicieron los demás. ¿Sirve de algo mandar si nadie obedece o actúa en sentido contrario? En Gobernación despacha un pusilánime. Osorio Chong no afronta los problemas de una secretaría dotada de poderes extraordinarios (seguridad, política, inteligencia, prisiones…): los evade, traslada o agrava. El control sobre los gobernadores es nulo. “Los caciques locales pueden usar al Gobierno central y burlarse de él” (Jesús Silva-Herzog Márquez, Reforma, 2.1.17.)

El gerente del PRI es otro caso. Los gobernadores le tienen tomada la medida a Enrique Ochoa, y sin rubor le juegan el dedo en la boca. Su risible mención como precandidato presidencial, en una columna política, casi le provoca taquicardia. Ochoa es un párvulo comparado con Manlio Fabio Beltrones, otrora dirigente del PRI. Su primera prueba será el 4 de junio en Coahuila, Estado de México y Nayarit, donde se elegirán gobernadores. El pronóstico es de derrota, como también para las presidenciales de 2018. López Obrador se perfila como el futuro jefe de Los Pinos. Esta vez, ni Peña, ni Salinas ni el Grupo Atlacomulco podrán evitarlo.
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