×
Tomás Mojarro
Tomás Mojarro
ver +

" Comentar Imprimir
15 Septiembre 2016 04:00:17
País resucitado
Quince de septiembre de 1847, quince de septiembre del 2016. No olvidar, mis valedores, que en el amanecer del 16 de septiembre la bandera de las barras y las estrellas ondeaba a toda asta en lo más alto del palacio nacional de la hoy Ciudad de México. ¿Ese baldón histórico se canceló con la invasión y saqueo de medio territorio? Trump.

En la batalla decisiva, la de Chapultepec, las balas invasoras de Scott iban a sacrificar el Batallón de San Blas con todo y su comandante, don Santiago Xicoténcatl, mientras que no lejos de ahí, con 5 mil de a caballo, un urgido Juan Álvarez solicitaba a López de Santa Anna la orden para entrar en acción, que le negó el primer vendepatrias en la historia de nuestro país y modelo para los entreguistas de hoy día. México.

La de 1847 iba a ser la primera invasión del vecino imperial a nuestro país. La siguiente violación del territorio por tropas norteamericanas se perpetró en 1914, con Wilson, Huerta y Carranza detrás de la sangre derramada. La tercera ocurrió el 31 de agosto de este año, con Donald Trump. ¿Esta vez culpa de quién?

La peligrosidad del naciente imperio fue a tiempo advertida por el conde de Aranda, Bolívar y el genio americano José Martí, patriota y apóstol, poeta e intelectual que con hechos demostró su amor a México, un amor apenas superado por el que profesaba a una Cuba a la que dio su existencia en mayo de 1895, en la batalla de Dos Ríos. Tanto tiempo vivió entre nosotros el héroe, tanto entendió nuestra tierra, que refiriéndose a los apuntes que algún pintor norteamericano hiciese de nuestro país cuando lo visitó sin lograr comprenderlo, así protestó el apóstol cubano:

- No se paró a ver lo que México ha vencido ni a medir el esfuerzo por los obstáculos que se le ponían, ni a calcular lo que va a vencer con el empuje acumulado. No vio el trabajo titánico de sus hombres nuevos para sacar los brazos con la libertad en salvo, por encima de las torres de las iglesias; ni la fatiga heroica de la generación liberal que lleva a cuestas el país resucitado.

México y Cuba. Hace algunos años cayó en mi correo electrónico un texto firmado por una Celia Hart que yo, según mi costumbre y al acto reflejo (tanta basura ensucia mi correo) intenté borrar, eliminándolo para nunca más, pero leí las primeras líneas, y fue entonces: a riesgo de violar esta regla editorial o aquel derecho de autor, me propuse ofrecerlo a ustedes año con año por estas fechas, como la expresión limpia, genuina, de alguien que desde su perspectiva (tiempo, distancia, lugar) nos entrega una síntesis del México que fue y es hoy día para algunos que lo contemplan desde el exterior.

Aquí, para conocernos, para reconocernos en espejo ajeno, las expresiones de Celia Hart, cubana y americana de la América Mestiza, que así celebró en su país nuestras fiestas patrias:

“Cuánto me hubiese gustado estar con el padre Hidalgo el 16 de Septiembre de 1810. En aquel sacerdote brillante y culto el talento, la virtud y el compromiso se dieron la mano para querer más que ningún otro hombre a México y a la Revolución. Y es imposible que la independencia de un pueblo se gane sin una revolución.

¿Hidalgo, hombre de edad? ¿Quién dice que para amar y construir se tiene una determinada edad?”

(Más de esta voz cubana, mañana).
Imprimir
COMENTARIOS



top-add