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Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento
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Empezó su carrera profesional en la revista Siempre! a los 17 años, cuando era todavía estudiante de preparatoria. Obtuvo la licenciatura en filosofía con honores de la Universidad York de Toronto, Canadá. A los 22 años entró a trabajar como redactor en Encyclopaedia Británica Publishers, Inc. y dos años más tarde fue nombrado director editorial de las obras en español de la empresa.

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14 Junio 2019 04:04:00
Palabras del silencio
No es común que un filósofo sea poeta o un poeta filósofo, pero Jaime Labastida no es un hombre al uso. Enamorado de la palabra, ha sabido jugar con ella tanto en el ensayo como en la poesía.

¿Quién habría pensado que una de las máximas figuras de la literatura y el pensamiento nacería en Los Mochis, una población de Sinaloa que en 1939 estaba “totalmente aislada del resto de la república. No había agua potable, no había calles pavimentadas, no había drenaje. La electricidad nos llegaba de la fábrica solamente por las tardes. Nos comunicábamos a través de una radio que mi padre improvisaba en el techo de la casa con antenas. Solo se escuchaba la XEW y únicamente por las noches”.

Labastida, quien este 15 de junio cumplirá 80 años, es un hombre pequeño, elegante, que habla con precisión y fluidez. Es poeta, cierto, pero tiene un marcado sentido práctico. Ha dirigido Siglo XXI Editores desde 1990, pero ha combinado el cargo con muchos otros, como el de director de la Academia Mexicana de la Lengua durante ocho años hasta principios de este 2019.

En una azotea acondicionada como terraza en Siglo XXI, me dice que estudió filosofía “porque pensé que me daría un sustrato para escribir poesía”. ¿Qué tienen en común la filosofía y la poesía? Responde sin dudar: “Las une el amor por la palabra”.

Lo curioso es que Labastida es parco con las palabras. No cae en los fuegos de artificio; su poesía, con frecuencia erótica, es siempre sutil. “Desde la pluma brotas, súbita / llama tensa que se prende aun a la madera / húmeda y la quema y la guarda” (“Aguja en el pajar”), “Tú te abrías como el mar / para tragarme. Como la nube blanca, / envolviéndome, como la tierra negra” (“Horas”).

La poesía reunida de Labastida ha sido publicada como Animal de Silencios. La frase evoca a Martin Heidegger quien sostenía, me dice, que “Sin silencio no se puede hacer filosofía, sin silencio no se puede dialogar, el silencio es fundamental para escuchar”. Ese mismo silencio lo preconizaba Baltasar Gracián (recuerdo para mis adentros: “el recatado silencio sagrado de la cordura”) al decir, en palabras de Labastida, que “los seres humanos debemos mantener continuamente tres formas de diálogo: un diálogo con los seres vivos, y eso es en voz alta, con las personas que nos rodean; un diálogo con los muertos, y es la lectura, en voz baja, con los grandes pensadores y grandes poetas; y un diálogo con uno mismo, y adentrar en el interior de uno mismo lo hace uno en silencio. Hay que guardar silencio, como en la música, para poder escuchar adecuadamente lo que las propias palabras nos dicen”.

La libertad ha definido la vida del filósofo poeta. “He conjugado en la vida muchas veces en la práctica el verbo renunciar”, dice y añade: “Siempre he trabajado en lo que más me gusta”. Nunca ha sido miembro de partidos políticos, ni de grupos literarios, excepto en su juventud de La Espiga Amotinada, que era más bien un grupo de amigos. “Ni siquiera voy a las tertulias literarias”, afirma con risa pícara.

“La poesía no refleja ni expresa la realidad –escribió en Lección de poesía–. La poesía, en cierto sentido, crea lo real, en tanto que nos proporciona un matiz determinado de los objetos que forman la realidad. La literatura crea realidad, no la reproduce, no es un espejo, es la forma más alta de producir un fenómeno nuevo, que no existía bajo otra forma, antes de ser dicho o escrito. Es el triunfo superior de la palabra”.

Derecho sagrado

El asilo es un derecho sagrado, dijo ayer el presidente Andrés Manuel López Obrador. Quizá. Pero para aplicarlo se necesitan grades esfuerzos y recursos. México siempre ha sido un país expulsor de migrantes. Hoy nos toca recibir a miles, que ni siquiera quieren estar en nuestro país.
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